
Los centros de rehabilitación de adicciones atraviesan una situación difícil luego de que el Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA) ordenara que no se prescriban medicamentos a las personas que no cuenten con seguro.
El IAFA es la institución encargada de brindar atención ambulatoria y de consulta a personas con problemas de adicción. El 21 de agosto, mediante el oficio AT-0253-08-2025, emitió una directriz en la que instruye: “Se les dará la atención correspondiente, pero no se les podrá prescribir tratamiento farmacológico, debido a lo establecido en la normativa de la Caja Costarricense de Seguro Social y los lineamientos vigentes”, señala el documento.
El oficio fue firmado por Wendy Castro Castro, coordinadora del Área Técnica del IAFA, y dirigido al Dr. Oswaldo Aguirre Retana (encargado de Casa Jaguar), al Dr. Douglas Mata Pernudi (encargado de Organismos Regionales) y a la Dra. Delma Vaglio Zonta (encargada del Proceso de Atención a Pacientes).
La Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP) señaló que la decisión fue comunicada de manera abrupta, sin un plan remedial y sin prever las consecuencias para la población usuaria.
ANEP denunció que negar medicamentos a personas con enfermedades crónicas vinculadas a la dependencia de sustancias “interrumpe tratamientos esenciales, incrementa el riesgo de recaídas y expone a los pacientes a consecuencias irreversibles”.
La Nación consultó a la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) y al IAFA para conocer los alcances de la directriz; sin embargo, al cierre de esta edición no se obtuvo respuesta.

Para Jorge Acuña, presidente de la Federación de Hogares Salvando al Alcohólico (Fedehogares), esta decisión representa un “atropello”, ya que la mayoría de las personas que llegan a los albergues no cuentan con seguro. Esto impide tratar enfermedades crónicas y abordar adecuadamente los procesos de desintoxicación.
Acuña considera que el problema ha pasado desapercibido porque afecta a una población marginal y sin recursos económicos; no obstante, se trata de una situación transversal que se extiende a todas las provincias y que es visible en personas que viven en la calle.
“Nosotros somos la línea de contención de la adicción”, afirmó Acuña. “Y estamos a punto de desaparecer”.
Delirium tremens
Fernando Murillo, director del Hogar San Cayetano, con más de 38 años de experiencia en centros de rehabilitación, explicó que la falta de medicamentos está dificultando el trabajo de los albergues, ya que muchas personas ingresan con síndrome de abstinencia o con trastornos mentales.
Uno de los requisitos para ingresar a estos hogares es contar con una referencia del IAFA —o, en pocos casos, de algún centro privado— y, por lo tanto, con los medicamentos prescritos.
“Si no tienen medicación, se desestabilizan física y mentalmente”, explicó Murillo, quien añadió que el síndrome de abstinencia suele manifestarse a partir del cuarto día de haber dejado de consumir.
En etapas más avanzadas aparecen las alucinaciones: cucarachas, monos, hormigas u otros animales que sienten que se les suben por el cuerpo. “Es el delirium tremens”, dijo Murillo, mientras señalaba una cama rota por una persona que entró en ese trance.
El delirium tremens ocurre principalmente en personas con alcoholismo severo, como consecuencia de la abstinencia tras el consumo prolongado. Puede provocar temblores extremos, comportamiento errático y problemas cardiovasculares. “Algunos se vuelven agresivos, otros no; hay de todo, pero es peligroso para nosotros y para los demás usuarios del albergue”, explicó.
Los internos que no cuentan con medicamentos durante el proceso de abstinencia tienden a permanecer menos tiempo en los internamientos debido a las afectaciones que sufren en esta etapa. “Presentan trastornos del sueño y del apetito, fatiga y malestar general”, explicó Acuña.

Algunos hogares han optado por comprar medicamentos —principalmente pscofármacos como ansiolíticos, que son costosos y requieren receta verde— para atender estos casos. Los tratamientos quedan a cargo de los médicos de estos centros. Sin embargo, esto supone una presión económica aún mayor para estos hogares, que en su mayoría enfrentan deudas y graves problemas financieros.
“Todos los albergues tenemos el mismo sufrimiento, estamos con el agua al cuello”, afirmó Acuña.
Según Fedehogares, esta situación se repite en todos los albergues del país. Mientras tanto, las personas con adicción enfrentan la abstinencia con el cuerpo tembloroso y animales imaginarios persiguiéndolos.
