
Mientras cada pantalla y cada radio acaparaba la información transmitida desde Nueva York, los redactores del diario La Nación, en Costa Rica, planeaban una cobertura de 25 páginas que incluyera cada arista del peor atentado en la historia de los Estados Unidos. “Día de horror”, se tituló la portada gris del día siguiente, en la que el único destello de color lo daba un bombero entre los escombros.
Aquella mañana del 11 de setiembre de 2001, que cargó de luto el ambiente, fue descrita como un infierno causado por los dos aviones que impactaron, con 17 minutos de diferencia, a las Torres Gemelas del Centro Mundial de Comercio.
En menos de dos horas, el golpe al corazón de Estados Unidos dejó un saldo de casi 3.000 muertos y 25.000 heridos, tras el colapso de las estructuras de 110 pisos. La zozobra se extendió con un tercer ataque, esta vez contra el Pentágono, y un cuarto, causado por el estrello de una aeronave en Pensilvania.
Ese mismo día, redactores de La Nación estuvieron en el sitio para entrevistar a los sobrevivientes y a las personas que vieron caer a las torres de 417 metros de altura. “La gente camina confundida e incrédula. En cualquier calle hay escenas de dolor y una preocupación que arranca lágrimas”, escribió Armando González, quien 13 años más tarde ocuparía la dirección del diario.
“En pleno Broadway, en la zona conocida como Midtown, a unas 30 del sitio de la tragedia, una mujer llora y apenas se sostiene de pie con el apoyo de dos amigas, mientras grita un resumen de su historia: ‘Mi marido trabaja allí’”.
Los costarricenses que escaparon de la emergencia también plasmaron sus anécdotas en las páginas del periódico, como Roberto Sevilla, entonces de 56 años, quien se encontraba en el tercero de los seis sótanos del Centro Mundial del Comercio cuando escuchó el estruendo.
En medio de una nube de polvo, y atravesando un ataque de asma, narró que, tras subir al lobby, salió por una de las ventanas. “Caían pedazos de vidrio y de metal. De milagro estoy vivo”, dijo entonces. “Iba alejándome del lugar cuando se estrelló el otro avión”.
El diario abrió, además, un foro digital para ayudar a establecer comunicación entre familiares y amigos de personas que se encontraban en Estados Unidos, ante la saturación de las redes telefónicas estadounidenses y la lentitud de los servicios de Internet. No era menor, considerando que las vías aledañas a la Embajada de esa nación, en Pavas, fueron cerradas como medida de prevención.
Durante las jornadas siguientes, se brindó cobertura a los vuelos quedados en suspenso por el colapso en los aeropuertos, el duelo que el expresidente Miguel Ángel Rodríguez decretó en Costa Rica por dos días, la promesa de George W. Bush de “hacer pagar” a los culpables ligados a saudí Osama bin Laden y el “remezón económico” que provocó la caída de las bolsas mundiales y el precio de algunas monedas internacionales.
25 años más tarde, La Nación sigue contando las historias de aquellos sobrevivientes que todavía rememoran, a flor de piel, una de las peores tragedias de la historia.





