Revista Dominical

A Libros para Todos no lo detiene ni la pandemia

El corazón social de de esta organización educativa sigue latiendo con fuerza. Gracias al aporte de empresas, cientos de comunidades educativas gozan de libros de alta calidad al precio más bajo posible

Hanie Cordero solo esperaba que le arreglaran su impresora. Cuando envió un formulario para que alguien de ingeniería en informática llegara a su oficina, la funcionaria de la organización Libros para Todos lo único que quería era una rápida solución para el atasco de papel que sufría.

Para su sorpresa, el trámite solicitado acabó provocándole varias lágrimas. El muchacho que llegó a solucionar era un pasante de informática. Estaba realizando su práctica como parte de los requisitos que le solicitaba el Liceo de Puriscal para finalizar su bachillerato y, mientras inspeccionaba el aparato, el joven se quedó viendo la bodega de libros.

Hanie recuerda que el joven se fijó en su alrededor como si atravesara una epifanía. Súbitamente, el muchacho soltó a decir: “Yo reconozco ese libro”.

La publicación a la que apuntó fue un libro de estudios sociales de sexto grado. Lo tomó en sus manos como una reliquia perdida y hallada. Ante las preguntas de Hanie y el resto de la oficina, el muchacho contestó de dónde provenía su fascinación.

—Es que yo amaba este libro.

—¿Por qué? — le preguntó Hanie.

—Porque en este libro fue la primera vez que vi un mapa.

En medio de la actual y gran bodega de Libros para Todos, Hanie retoma esta anécdota con los ojos brillosos. Recuerda el impacto que le causó cuando supo que aquel muchacho solo conocía los mapas por dibujos que hacía su profesora en la pizarra. Eran ideas vagas sobre cómo se veía un país y un continente. Esos garabatos en el pizarrón fueron suficientes para enamorarlo de la geografía y el encuentro con ese libro de Sociales hizo que todo se sintiera como un encuentro divino.

“Nosotros fuimos a decirle a la editora de ese libro lo que había pasado y ella se atacó a llorar. Es una gran emoción lo que vivimos. Ahí reside el porqué hacemos todo esto; porque hay una Costa Rica lejos del peaje de Escazú, una Costa Rica que está escondida, y algo como un libro puede cambiarle la vida a alguien”, afirmó Hanie, quien es gestora y promotora de esta organización.

Libros para Todos es una organización independiente sin fines de lucro que, gracias al aporte de empresas, funciona como intermediario para producir libros de alta calidad a bajo costo y así fomentar el aprendizaje en cada rincón del país. Desde el 2015 su corazón palpita contra cualquier tempestad que se les asoma, incluso una pandemia. “Tuvimos miedo, pero aquí seguimos”, cuenta Hanie.

Corazón generoso

Mientras ofrece esta entrevista, Hanie se detiene un momento. “Perdón, hay una emergencia con un diseño”, dice, mientras envía un par de audios por su teléfono. A los pocos minutos de resolver la circunstancia, retoma. “Es que todos los días nos levantamos con la fe de que esta empresa siga en pie y siempre hay que resolver algo”.

Lo dice porque sus labores de gestión empresarial sobrepasan lo que, para ella es, “solo trabajo”. Hanie está identificada con la causa social desde que empezó sus labores como docente. Nunca olvida el día en que fue nombrada en el colegio de Matapalo de Quepos, al sur del país.

Fue hace 23 años que debía levantarse a las 3:30 de la madrugada, atravesar una larga calle de lastre y cargarse de energías para dar su jornada. De sétimo a undécimo, Hanie atravesaba todo el colegio dando clases y llegaba a las 7 de la noche a su casa, no para descansar, sino para seguir revisando tareas y exámenes.

“Yo siempre que me pongo a pensar en esos días, recuerdo que yo me sentía como toda una heroína, como un superhéroe. Yo llegaba cansada, pegaba contra las paredes de lo extenuado que era el día. Ahora que tengo más años me pregunto: ¿cómo hacía eso?”, dice, a sus 48 años.

Pero su perspectiva de esos años cambió cuando se metió de lleno con Libros para Todos. En una ocasión, debía ir hasta Talamanca, Limón, a realizar una entrega de publicaciones.

“Cuando llegamos a Talamanca nos encontramos a la directora y nos dimos cuenta que allí no había nada más que la escuela. Empezamos a hablar y ella me contó que, en época de lluvia, ella entra en motocicleta con un machete y una pala. Es usual que encuentren derrumbes y usan eso para poder pasar”, recapitula.

“¡Yo quedé impactada! Toda mi época de heroína se la trajo abajo en cinco minutos”, dice entre risas. “Pero con esta broma lo que quiero decir es que me impacta el trabajo social y el sacrificio que hay en todo el país, y poder contribuir a eso es vital y me hace muy feliz ser parte de esto desde sus inicios”.

Jessica Bogantes, quien se encarga del enlace entre empresas y la organización, también ha sido una fiel miembro de Libros para Todos desde sus orígenes. Ella dirige el programa empresarial, el cual se traduce en el modelo de negocios de la organización. Su trabajo le entusiasma al punto de no parar de sonreír cuando explica en qué consiste.

“Es hermoso pensar en empresas que creen en niños ‘invisibles’ para ellos, niños que no conocen”, dijo Jessica, resumiendo el espíritu de la organización. Para ejemplificarlo, utiliza el caso que dio una empresa donante.

“Cuando la constructora Van der Laat y Jiménez empezó su proyecto de construcción para el Hospital de Turrialba, invirtieron en territorios indígenas. Puede que allí no conocieran la compañía y no se hiciera una publicidad inmensa, pero lo que querían era ayudar. No importa que sepan quiénes son o no; lo hacen por buen corazón”, cuenta.

El propósito de Libros para Todos es convertirse en una editorial que tiene su mirada puesta en la comunidad. El objetivo es claro y se respira desde la bodega de producción: todo se trata de disminuir la brecha en la adquisición de materiales y recursos académicos en Costa Rica. La idea es siempre producir buenos libros para las escuelas públicas y con los precios más bajos.

Los libros de texto de esta organización llegan al mejor precio para las familias que les resulta imposible pagar ₡50 mil o más por un paquete escolar. Este año, ante la inflación que han sufrido los precios del papel, Libros para Todos ha llegado a su monto más alto por paquete: ₡12 mil los cuatro libros de materias básicas. El precio anterior fue de ₡10 mil y, por mucho tiempo, el precio base fue de ₡8 mil. Aún así, sigue siendo módico.

Enfrentar la pandemia

Tras tantos años de éxito, Libros para Todos sudó cuando debió enfrentar los embates de la pandemia, al igual que todas las empresas. En su caso, el temor se sumió en la incógnita: ¿qué pasará con los niños?.

“A pesar de la pandemia seguimos levantados y de frente. Creímos que la pausa de la pandemia no nos iba a permitir continuar, pero podemos decir con certeza que en el 2022 estamos más vivos que nunca, comprometidos con seguir luchando para que los niños tengan acceso”, afirmó Jessica.

Hanie aprovecha el entusiasmo que le genera esa supervivencia para recordar otra anécdota, también ocurrida en Talamanca. Después de hacer un rastreo para alcanzar una pequeña escuela en esa zona de Limón, hubo grandes problemas para localizar a la maestra.

Aún así, el grupo de trabajo no desfalleció y lograron ubicarla. Había un gran desgaste por el viaje y la ansiedad de no encontrarla. Cuando se toparon, la maestra se atacó a llorar.

“Nos asustamos”, rememora Hanie, “creímos que habíamos hecho algo mal. Esa maestra estaba recién nombrada y no tenía noción de qué le íbamos a entregar. Cuando le damos el paquete se pone a llorar y de inmediato le preguntamos: ¿qué hicimos mal?”.

“Entonces ella nos cuenta que tiene un estudiante que solo tiene un cuaderno. Que todos los días el alumno llega con el cuaderno en blanco, porque llega a clase, copia, estudia en la casa, borra lo anotado y vuelve a escribir en la primera página el día siguiente. Es el único cuaderno que tiene y no lo puede gastar. Yo lloré no sé cuánto al conocer esa historia”, relató Hannie.

“Esas experiencias lo marcan por completo a uno”, agregó Jessica, complementando el relato. “Nosotros crecimos con la educación pública, que tiene toda la vida de existir y siempre ha sido un recurso para personas que no tienen un nivel económico fuerte para pagar una institución privada. Nosotros sabemos que dar recursos puede permitir una educación de calidad y un entusiasmo para que sigan estudiando”.

Además, agrega: “la pandemia no puede detener este espíritu. Hemos conocido una realidad nacional muy impactante y uno quiere poder seguir aportando. Ofrecer ese granito que, en la de menos, puede cambiarle la vida a alguien. Muchas empresas también. En la sociedad hay gente que en verdad quiere poder realizar cambios y nosotros estamos para servir como intermediarios para llevar bienestar a más personas, a más niños, a más personas que, en el futuro, pueden hacer grandes cosas”.

La exclusión es otro tema que le preocupa al personal de la organización. En agosto del 2020, con el apogeo de la pandemia, la entonces ministra de Educación, Guiselle Cruz, lanzó un número alarmante. En aquel momento, la jerarca dijo que “hay un grupo importante, casi 90 mil estudiantes, que no se han reportado con sus docentes, eso es alrededor del 8,4%, es más o menos parecido a la tasa de exclusión del 2016 cuando no había pandemia y con dos días de huelga en ese momento”.

“Saber lo trágico de la situación educativa en la pandemia nos preocupa. Tener libros es conocer el mundo a colores, no solo a través de fotocopias o de dibujos en la pizarra. Los grupos empresariales invierten en zonas de mayor riesgo social, donde hay un nivel muy alto de delincuencia, con problemáticas. Creemos que el estudio es la única herramienta para romper el círculo de la pobreza”, asegura Jessica.

“No garantizamos que los libros van a sacar a todos de ahí”, agrega Hanie, “pero se trata de dar la oportunidad. Cuando damos libros, hay chicos que se sorprenden que el material sea suyo. Preguntan si les pueden poner nombre, porque usualmente tienen materiales heredados. Apropiarse del conocimiento da un deseo de superación. ¿Qué esperar a cambio de esos materiales? El compromiso. Hay alguien creyendo en esos chicos”.

Dentro de su propio baúl de historias, Jessica guarda una anécdota especial en esa misma línea. Fue en una visita a una escuela de La Carpio, en San José, donde la maestra fue contundente con los logros del programa. “Nos decían que hubo un cambio total de la actitud. Una clase puede ser algo intangible, difícil de procesar, pero cuando lo ves plasmado en un libro todo se vuelve más real. Suena a magia, pero es cierto”, analiza.

Justo en esa filosofía es que reside la respuesta a una pregunta que, usualmente, les hacen a ambas: ¿por qué no trabajar en otra cosa?. No importa si se trata de dar los paquetes a una escuela de 5 niños o 1.000 estudiantes, la satisfacción va en una misma dirección.

“Al final del día se convierte en algo más que un trabajo”, afirmó Hanie, “porque si bien necesitás resolver tu vida en términos económicos, siempre necesitás una razón para ser. Todos los días nos levantamos a luchar para que continúe un gran legado, uno que la pandemia ni nada ha podido detener”.

Mañana será otro día para levantarse y, como si se tratara de una señal de radio que quiere lograr más alcance, Libros para Todos seguirá con su objetivo de que no muera la señal.

Jorge Arturo Mora

Jorge Arturo Mora

Periodista de cultura y sociedad para Viva, Áncora y Revista Dominical.

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