
A los 19 años, Ricardo Blanco debutó con el Deportivo Saprissa en la Primera División y en 2022 empezó su calvario con el tendón de Aquiles, justo en la eliminatoria para el Mundial de Catar.
El lateral sintió un pequeño dolor, pero lo único que pensaba era en seguir, porque el fútbol es competencia y no podía bajar la guardia. Solo que ese dolor en lugar de desaparecer, aumentaba.
Por momentos, el jugador recién retirado y nuevo técnico de Saprissa FF lo normalizaba, pero muy en el fondo sabía que estaba siendo insoportable. Ya no lo podía controlar y le afectaba.
Ricardo Blanco quedó fuera del repechaje, en el que la Tricolor logró su última clasificación a una Copa del Mundo y fue entonces cuando Saprissa lo envió a hacerse una resonancia.
Con eso se le diagnosticó una ruptura parcial del tendón de Aquiles. La batalla emocional era terrible, porque quedó fuera del repechaje y mientras veía que sus compañeros de la Sele abordaban un avión, a él le tocaba ir al quirófano.
“El luto duró dos días, yo voy para el frente y ya fue cuando se dio la primera operación y pensé que era hasta ahí, pero fueron más capítulos. Solo Dios sabe por qué, pero lo importante es que todo me ayudó para mejorar”, expresó Ricardo Blanco en el programa Los Doctores, en Teletica.
Hoy tiene claro que a veces es mejor decir “hasta aquí”, porque eso podría significar librarse de una operación, o de algo más grave. Pero también reconoce que es complicado, porque como seres humanos, cuesta dar ese paso.

Para él vinieron las complicaciones, porque tras la operación fue un proceso largo. La herida no cicatrizaba bien y él no veía evolución, sino un retroceso.
Entonces, una pregunta lo perturbaba: “‘¿Por qué me pasa esto a mí?’. No aceptaba y tres meses después ven que la herida no se cerraba, no cicatrizaba y me dicen que rechazo el material, que otra vez para el quirófano”.
Ante eso, confesó que no lo aceptaba. Vino la segunda operación. Hoy admite que en ese instante no había caído en cuenta de que lo de él era mínimo, y que había personas que estaban pasando cosas peores.
Dijo que, a pesar de las quejas, se seguía cuidando, porque su propósito era volver a jugar fútbol.
“Llega una tercera operación, porque rechazo más material. Me pusieron cuatro anclas en el talón y de ahí amarraron el tendón con unos hilos”, relató en el programa de Canal 7.
Empezó a entrenar, pero sentía una molestia. Al efectuársele la resonancia respectiva, otra vez determinaron que estaba rechazando material.
Vino la cuarta operación y ahí él pensó que tenía que ver qué estaba pasando, porque ya era demasiado. Aparecieron lo que él define cómo “ángeles”, que le ayudaron a entender el proceso.
“Me enseñaron que estaba viviendo una experiencia lejos del fútbol y que tenía que luchar y tal vez ser ejemplo para muchas personas, no en la cancha, sino ahí. Pero no lo entendía en ese momento”.

La aceptación y las lágrimas de Ricardo Blanco
Ahí fue donde aceptó la lesión. En medio de su relato, al exjugador se le hace un nudo en la garganta, se le entrecorta la voz y ya con lágrimas en el rostro, un sorbo de agua y las palabras de la periodista Jennifer Segura le dieron fuerza para seguir con su testimonio.
Dijo que esas lágrimas son parte de tantas emociones, y continuó con su historia. Vino otra operación, ya con el Instituto Nacional de Seguros (INS), donde todo cambió en su proceso de aceptación.

Le apareció una bacteria en el calcáneo, que es el hueso más grande y voluminoso del pie, ubicado en el área del talón.
“Ya en mí no existía la queja, sino que le agradecía a Dios y los doctores me dijeron que no podía volver a jugar fútbol. Lo acepté, pero dije que iba a luchar hasta el final. En la sexta operación encontraron el nombre de la bacteria y pudieron atacarla”, narró.
El doctor que lo operó le dijo que había una posibilidad, que si se arriesgaba y su respuesta fue que sí. El riesgo era que la bacteria se activara.
“En esa última operación me sacaron un pedacito del hueso del calcáneo y dos meses después ya yo era otra persona, podía ponerme zapatos, ya andaba y sentía que podía volver a jugar. Luché y luché. Yo le decía a Dios que me dejara retirarme jugando y Dios me cumplió el sueño”, afirmó con una sonrisa.
Lo que más marcó al exjugador de Saprissa
Enfatizó en los momentos complicados, en los que no quería que nadie le hablara y se encerraba en un cuarto. Él mismo se decía cosas negativas, hasta que se dejó ayudar con “ángeles” y con quienes descubrió que sí eran sus amigos de verdad, los que se quedaron con él en las malas, que fueron pocos.
“El momento que más me marcó en todo el proceso fue cuando llegué por primera vez al INS, me internan y comparto salón con seis compañeros más. Yo nunca había estado en un momento así. En el fútbol eran clínicas privadas y la primera noche yo estaba callado, viendo para todo lado”, recordó.
Conforme fueron pasando los días, hizo amistad con quienes compartía salón. El saprissista no se daba cuenta de que estaba siendo un ejemplo para ellos.

“Unos estaban luchando por salvar su pie, otros una mano, otros no podían moverse de la cama y yo sí podía. Yo me levantaba a ayudarle a alguno, y con algo tan simple, yo veía el agradecimiento”, relató.
Ahí comprendió que en realidad no tenía nada y confesó que al volver a jugar, cuando estaba a punto de entrar otra vez a la cancha se acordó de cada uno de ellos.
Ricardo Blanco deseaba en ese instante que esas personas que estaban internadas con él en ese salón, también hayan salido adelante, tras las dificultades que plantea el partido de la vida.

