En Chirraca, un pequeño pueblo entre Palmichal y Acosta, hay una academia de yudo. No hay yudocas ticos en cada esquina, pero en Acosta, Mora y Puriscal parece haber una llamativa predilección por esta disciplina. De los 600 participantes del último torneo nacional, más del 10% estaban inscritos con el equipo de alguno de estos cantones.
Chirraca es un destino caliente, ubicado en un terreno montañoso cubierto de riachuelos. Recién se abría la academia de yudo allí, cuando una niña de 7 años se asomó a practicar yudo, más por insistencia de sus primos que por voluntad propia.

La niña creció. Creció mucho. Tanto que superó la estatura y la fuerza de la tica promedio. No era ni adolescente cuando ganó el Torneo Panamericano categoría cadete; después repitió el podio en los certámenes infantil y júnior. La mejor entre las mejores.
El éxtasis de su prolífera carrera lo consiguió el año anterior, cuando se colgó el bronce en el Panamericano mayor, la primera medalla para el yudo tico en el torneo.
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Es la sinopsis de Diana Brenes, la carta número uno del yudo tico femenino y principal exponente de Costa Rica en el Torneo Panamericano que se disputa en el país a partir de este jueves, cuando campeones del mundo y medallistas olímpicos de distintos países se dispongan a competir, con la consigna de sumar puntos en busca del boleto a Tokio.
Brenes es la principal carta olímpica de Costa Rica en el yudo. Después de ganar el bronce en el Panamericano del año anterior, abandonó su terruño en Chirraca para dirigirse a Alicante, España, en donde entrena con este único objetivo.
"Al principio, cuando era niña, solo iba a entrenar porque ahí estaban mis primos en la academia. Luego me empezó a gustar competir", contó la joven.

Brenes es alta y delgada. Sonriente y positiva también. Ella forma parte de una camada de yudocas ticos disciplinados, con una pasión heredada por sus familiares y un amplio recorrido internacional, que les permite soñar con los Olímpicos, apenas a sus 22 años.
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El tío de Brenes era yudoca y a su madre también le gustaba practicarlo. La historia se repite en las otras cartas costarricenses que disputarán el Panamericano. Por ejemplo, David Guillén tiene familia en el yudo, al igual que Ignacio Sancho.
Explica el presidente de la Federación Costarricense de Yudo, Dudley López, que este es un deporte de constancia e insistencia, no así de velocidad. Esta premisa, tan aplicable dentro del tatami, también se rige fuera de él, cuando los padres le hacen ver a sus niños que hacer una carrera en el yudo conlleva dedicación y sacrificio.
Diana convivió con el deporte desde niña. Tenía apenas siete años cuando lo empezó a practicar con sus primos, quienes posteriormente se dispusieron a estudiar y dejaron la disciplina en un segundo plano.
"La mayoría de mis primos decidieron tomarse en serio sus estudios y yo decidí tomar el camino del deporte de alto rendimiento", explica la joven, que competirá este sábado en el Centro de Eventos Pedregal.
