
Ciudad Quesada, San Carlos.
Flaco, alto y fuerte, biotipo perfecto para el atletismo, así es Carlos Villarreal, un nicoyano de cepa cuyo físico es para competir, pero su corazón para montar toros.
Figura del cantón de Nicoya en la competencia de decatlón, que finaliza esta tarde con el cierre del atletismo en los Juegos Deportivos Nacionales, Villarreal dice que practica deporte porque su mamá, Ana Lidieth Villarreal, le dio un ultimátum.
"Ella (mamá) dice que prefiere el atletismo que yo ande montando toros, que yo veré, pero sé que ella sufre cuando me ve arriba, ella está con esa angustia de que no me pase nada", expresó el montador.
"Por una parte quiero "aflojar" (ceder), pero por otra no quiero... ella me dice que escoja, yo le dije que voy al atletismo, pero siempre me le escapo".
La petición de la mamá es casi un martirio para Carlos, ya que desde pequeño se crió arreando vacas, llevándolas a "pastar" (comer), ordeñando y encerrando terneros.
"Yo hago esto porque tengo que ayudar a la familia y porque me gusta, vivo como mis cuatro hermanos y mi mamá", añadió Villarreal, quien solo cursó sétimo año, pues labora en el campo.
Y fue precisamente ese año de colegio el que le "embarcó" en el mundo del atletismo, ya que al verlo correr un profesor le propuso que se hiciera atleta.
"Corrí relevos y me fue bien, quedé tercero, y el entrenador (Luis Obando) me dijo que siguiera con él y que dejara los toros, pero es muy difícil".
Con 18 años, Villarreal asegura que va a tratar de continuar en el atletismo, aunque reconoce que cada día que entrena debe viajar 1:45 horas en bus desde su casa, en Bolívar, a orillas del río Tempsique, hasta el polideportivo de Nicoya.
"Cuando llego —a entrenar— hago un poquito de (lanzamiento) bala, disco, jabalina y velocidad; mi vida está allá, con el ganado, pero voy a "pulsearla" para seguir adelante en el atletismo".