Danilo Jiménez. 15 febrero

Con los reflejos intactos y la moral en guardia, Keylor vive un presente de suplencias recurrentes que solo rompe el calendario de la Copa del Rey.

Es un capricho del “Indiecito” Solari, un técnico que la historia del Madrid recordará por su obediencia sumisa a los dictados del presidente Florentino Pérez.

La orden imperial dictaba que se debía sacar brillo al único fichaje de la temporada y el entrenador dócil no dudó en complacerlo.

Se lo debía porque el “presi” lo sacó de las sombras y lo encumbró al banquillo merengue.

Para Navas fue otra prueba del destino que, por su número y frecuencia, podría compararse con las cuentas de un rosario, con letanías incluidas.

Adicto a sí mismo y dueño de una fe que cambiaría el estado de la materia, el tico se entrena como en los días felices cuando el arco lo esperaba para su recital de paradones.

Y la prueba la dio en el Camp Nou, ante el Barcelona, con esa mano baja, casi a ras del suelo, para sacar el derechazo de Luis Suárez que llevaba pretensiones de red.

Fue una muestra de que sigue en forma, como siempre, listo para anteponer reflejos y ubicación a todas las sugestiones de anotación de los delanteros rivales.

Si Solari se mantiene en la suya y desempolva a Keylor solo en la Copa del Rey, el menos importante de los títulos que el Madrid se juega cada año, a nuestro guardián favorito del arco le quedan contados los minutos de acción.

En ese incierto escenario Navas no se resquebraja y sigue devoto de su profesionalismo, cuyo primer mandamiento reza: “entrénate con todo, que Dios dirá”.

Otro habría hecho un berrinche, entendible, pero el nuestro solo se anima a filtrar frases concisas ante la prensa, que ayudan a pintar su verdadera combustión interna.

Cada vez que un micrófono lo asalta camino al vestuario, Navas esgrime un discurso de palabras contadas, en donde nunca faltan las alusiones a su fe para retomar la titularidad.

Pero a veces detona con un verbo de grueso calibre: “Pasé de ganar tres Champions seguidas a no jugar”, porque tampoco es “maje”.

Algunos lo ven a la sombra de Courtois de aquí hasta el final de su contrato, mientras que otros prevén que alistará maletas cuando finalice la temporada.

Y mientras, el consentido Thibaut, que se alzó con el puesto por un designio en el que no medió la justicia, le bajó el tono a la manida polémica de quién debería atajar, con la salida poco creíble que nos obsequió esta semana.

“Mi relación con Keylor Navas es muy buena. Es un gran portero y yo me siento muy feliz porque mi equipo tiene a Keylor”.

Caprichoso destino que tiene a nuestro mejor arquero de la historia cruzado de guantes.