Estaba frente al televisor, cuando apareció la imagen de Johan Venegas vestido de morado. Fue un dejá vu para Rayner Winyi Robinson, quien el 8 de mayo del 2000 vivió la misma circunstancia, cuando en Alajuela lo esperaban para firmar el contrato y unas horas más tarde fue anunciado por el Saprissa.
A las 3: 45 p. m., el departamento de prensa de la Liga llamó a conferencia de prensa para anunciar a Rayner como su nuevo futbolista. Nunca apareció.
Casi a la misma hora estaba en la Cueva, sentado en una silla y rodeado por tres dirigentes tibaseños, que lo convirtieron en una de las figuras mejor pagadas del club.
El jerarca morado de aquel entonces, Bernardo Méndez, insiste en que no tenían ni la menor idea del comunicado enviado por Alajuelense, aunque reconoce que el representante les había informado con anterioridad sobre el interés erizo por el delantero.

Unas horas después de firmar a Robinson, el dirigente se enteró de que el jugador había llegado a un acuerdo de palabra con la Liga el fin de semana anterior, en una reunión que sostuvieron en Puerto Viejo de Limón el sábado y en la que acordaron la mayoría de los puntos sobre la posible vinculación.
Ese día, Rayner estuvo de acuerdo con lo que le ofreció Alajuelense, pero después su representante revisó con lupa el contrato y hubo algunos puntos que, al parecer, le inquietaron. Por esta razón llamó a la S, que lo recibió el lunes en el estadio y lo firmó.
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Robinson admite que antes de estampar la firma con Saprissa, era aficionado a Alajuelense. Además, quería vestirse de rojinegro porque el club estaba pasando un buen momento.
Después de marcar 20 anotaciones con Limón, le ilusionaba llegar a un equipo que le permitiera seguir la curva ascendente. Al final, pesaron más algunos factores económicos del contrato, por lo se inclinó por pasar a la acera del frente en el último momento.
"La gente en la calle siempre me pregunta porqué no me fui a la Liga. Es una decisión que cambia la vida. A mí me pasó como a Venegas y sé que en los primeros días la gente le va a decir a cosas, pero al final queda en segundo plano si la familia está bien", contó Robinson.
Hoy, el exfutbolista tiene 43 años y tres taxis piratas que se mueven por todo Limón, aunque la mayoría del tiempo lo pasa en la casa de su abuela en Desamparados.
Después de su paso por Tibás, asegura haberse hecho morado de corazón. Hace unos años visitó la Cueva, precisamente para un clásico, cuando su amigo Donny Grant era el portero.
No se arrepiente de la decisión que tomó de firmar con Saprissa y tampoco cree que lo haga Venegas. El futbolista sostiene que la oferta económica suele influir muchísimo.
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"Saprissa me ofreció un mejor salario y el estudio. Y me incliné por eso. El sábado estaba todo concretado con la Liga y solo faltaba la firma, pero no llegamos a eso. El domingo la directiva de Saprissa me habló y el lunes ya me esperaba en el estadio”, contó Robinson.
"En esos momentos no teníamos redes sociales pero ahora sí. A algunos no les va a gustar lo que hizo Venegas, los aficionados le van a silbar pero no creo que le afecte”, agregó.
"Pacto de caballeros"
Después de lo acontecido con Robinson, el presidente manudo de la época, Rafael Solís, mandó un mensaje claro: "Ya no hay pacto de caballeros".
Según la publicación de La Nación, la primera consecuencia de la firma de Robinson fue una "declaratoria de guerra" en el manejo de los fichajes, menciona el artículo del 9 de mayo del 2000, un día después de la firma de Rayner con la S.
Es decir, ya no respetarían a los jugadores de Saprissa, que en ese momento ya vivía algunas angustias económicas.
Unas semanas más tarde, la Liga presentó a Steven Bryce como su nueva figura. Un jugador de cepa morada, que en su primer clásico en la Cueva anotó un doblete y lo celebró sin complejos.
El propio Bernardo Méndez reconoce que la salida de Bryce del club le generó muchos problemas con la afición, que en la calle le recriminaba haberlo dejado ir.
El exdirectivo morado considera muy probable que la Liga no se quede de brazos cruzados y que suceda lo mismo que en aquel momento.
"Siempre que se ha dado una situación así quedan algunas secuelas y esa disconformidad se traduce en una situación similar. No sería nada raro que Alajuela trate de responder de alguna manera, de sacarse el clavo", recalcó Méndez.

Al parecer, los presidentes Juan Carlos Rojas y Fernando Ocampo mantienen una relación cordial, sin llegar a la cercanía que existía entre Saprissa y el anterior jerarca erizo, Raúl Pinto.
Después de la presentación de Venegas, el rojinegro prefirió enfocar sus fuerzas en culpar al futbolista por lo sucedido, en lugar de cuestionar a Saprissa por ficharlo.
Mientras, Juan Carlos Rojas le bajó el tono al supuesto “pacto de caballeros” que existía entre los clubes y, por el contrario, recalcó que esta es una negociación normal.
"Sabemos que afuera de la cancha hay que trabajar juntos y con Alajuela hemos hecho cosas muy buenas, pero eso no quita que exista una gran competitividad en lo deportivo y la responsabilidad nuestra es mejorar el equipo", concluyó Rojas.
