Roberto García H.. 17 agosto
Paulo Cesar Wanchope, director técnico de Cartaginés. Foto: Rafael Pacheco
Paulo Cesar Wanchope, director técnico de Cartaginés. Foto: Rafael Pacheco

No sé cuánto tiempo va a durar Paulo César Wanchope en el banquillo del Cartaginés, porque los técnicos dependen de resultados y, después de cuatro fechas del Invierno, los del equipo brumoso no son tan alentadores.

Sin embargo, convence su diseño futbolístico, un sistema que privilegia el pie a pie y el dinamismo en el juego, tanto que obliga a los juntabolas en el Estadio José Rafael Fello Meza a entregar rápido el balón a los jugadores, sean estos propios o rivales.

También llama la atención la claridad de sus ideas. El domingo se salió de lo cajonero cuando declaró al final del 1 a 1 entre Guadalupe y su elenco: “El resultado es injusto”, dijo Wanchope, y de inmediato agregó: “Merecíamos perder”.

Caray, qué manera de expresar, sin excusas, que su equipo no respondió en la gramilla. Un técnico, todavía en formación, se deja de mates y reconoce sus carencias, aún contra sus intereses inmediatos. ¡Qué bueno!

Veamos lo malo. En esa misma jornada, en el partido entre Saprissa y Herediano, disgustado por una falta que le sancionaron, Alejandro Cabral, argentino del Saprissa, reventó la pelota contra el piso con una malacrianza digna del olvidable Neymar.

A un metro de distancia, el árbitro Ricardo Montero solo le mostró la tarjeta amarilla. ¡Era roja, caramba! ¿Dónde quedó la autoridad de Montero?

¡Qué tirada con los hombres del silbato! Si no se pellizcan, serán los futbolistas los que les ordenen qué sancionar y qué no.

Ahora sigue lo feo: la “estrellitis” tardía de Cristian Bolaños. Uno de los jugadores más inteligentes del fútbol nacional ha salido últimamente con varias perlas realmente insólitas.

El domingo, con cara de pocos amigos, el saprissista cuestionó su relevo y estuvo a punto de increpar a Víctor Cordero, quien, rápidamente, lo puso en su lugar. Bien hecho.

No puede ser que un astro medio despistado objete airadamente las decisiones que emanan del banquillo que lideran Vladimir Quesada y Cordero.

Ya “Bola” nos había parado la peluca en el Mundial, cuando dijo a los periodistas ticos que, gracias a él, ellos estaban allá. Ojalá que el veterano rectifique, para que no manche en el cierre de su carrera los pergaminos del tres veces mundialista.

Lo bueno, lo malo y lo feo. En nuestro fútbol hay de todo, como en botica.