Alguna gente cuestiona lo malo que hay en que Jafet Soto haya comprado las acciones de Fuerza Griega y Orlando Moreira pagado un par de letras que tenían ese fin.
Unos dicen, en cuenta Jafet en una entrevista de La Nación en febrero anterior, que si no han visto al fútbol mexicano, donde Televisa, entre otros, tiene a varios equipos compitiendo en la Liga MX.
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Otros desafían a los periodistas a presentar las pruebas de los delitos en los tribunales, desacreditando la investigación publicada. Los más cínicos reprochan que “liguistas o saprissistas hablen de transparencia”.
El artículo 20 de los estatutos de la FIFA prohíbe la multipropiedad, entendida como el control que una persona física o jurídica pueda tener, mediante la mayoría de accionistas, derechos de voto, asientos en la junta directiva o cualquier otro tipo de dependencia o control económico, en más de un club.
La FIFA no puede condenar a nadie a la cárcel. En el ámbito del fútbol se sancionan faltas éticas. No hay que explicar mucho por qué dos equipos no deben estar en manos de un mismo empresario o sociedad.
Si el espejo de Costa Rica es el fútbol mexicano, estamos mal. Mohamed Morales, el inversionista de ese país que vino e invirtió $1.000.000 en Santos, está desaparecido desde hace varios años, supuestamente enredado en cuestiones de narcotráfico. Era el dueño de Tiburones Rojos, recién desafiliado porque su sucesor, Fidel Kuri, terminó de hundirlo económicamente.
Televisa, la dueña del América y hasta hace poco del Necaxa, fue acusada por pagar $15 millones junto a Teleglobo y Torneos, al fallecido Julio Grondona por los derechos de los Mundiales 2026 y 2030.
Tv Azteca y el Grupo Pachuca también son multi propietarios. Les importa poco la FIFA, amparados en el poder económico de un país de 130 millones de habitantes, con cadenas televisivas super poderosas y un público cautivo en Estados Unidos.
Por eso los arbitrajes de Copa Oro son un desastre, el torneo solo se juega en el Norte y México va por su tercer mundial mayor, pese a que los aficionados desafían con su grito todas las advertencias de Infantino.
La Liga MX se da el lujo de negarle a los equipos de segunda su ascenso, si el último de la categoría mayor paga su permanencia en la división de honor. Concacaf se hace de la vista gorda, porque los aztecas son su gallina de los huevos de oro.