Roberto García H.. 27 julio

Por lo general, juzgamos con rigor lo que hacen o dejan de hacer los clubes de fútbol de la Primera División. Por ejemplo, hemos criticado a Alajuelense por el mal trato que ha dado a varios de sus referentes, cuando estos han ocupado el banquillo del primer equipo y los han despedido abruptamente o, por lo menos, sin las consideraciones que sí han tenido con timoneles foráneos a los que también ha tumbado el “toro mecánico”, (léase, banquillo inestable).

Sin embargo, es justo reconocer que Alajuelense, Saprissa, Herediano y Cartaginés, principalmente, suelen incorporar a sus astros después de que cuelgan los botines y muchos se desempeñan en distintos cargos deportivos, gerenciales o administrativos, con muy buen suceso.

Entiendo que Pablo Daniel Antonio Gabas trabajará en las ligas menores de la institución rojinegra, lo cual se insinúa como un acierto, pues el muchacho argentino que se ha ganado el cariño de la afición eriza, encarna sólidos principios morales y profesionales. Sin duda, será una magnífica influencia para las nuevas generaciones de futbolistas manudos y jugará un papel similar al de figuras como Wílmer López, Mauricio Montero, Cristian Oviedo, Pablo Izaguirre y otros. Al ser los referentes de la casa quienes forman a los nuevos pinos, necesariamente les transmiten identidad, un valor supremo que garantiza lo que podríamos definir, metafóricamente, como la continuación de la especie.

Es sano decir adiós, partir en paz con uno mismo y con los demás, y no volver a la institución, empresa o grupo en el que se ha servido por años; o sea, dar el paso al costado y dejar el campo a los que vienen detrás. Es lo aconsejable en el devenir del progreso humano. Pero también es oportuno tomar en cuenta a veteranos que han dado buen fruto para que aporten con su experiencia, un activo de inventario que, como se suele decir, no se compra en las pulperías.

En esa tesitura, hay que reconocer y felicitar a la casi centenaria institución Liga Deportiva Alajuelense por la incorporación de Gabas tras su retiro, un extranjero identificado a tal punto con nuestra tierra que se nacionalizó, formó un hogar costarricense y comenzó a amar a la Liga desde que saltó a la gramilla por primera vez, ataviado de rojo y negro.