Fútbol Nacional

Lo que no se vio en la amarga noche de Alajuelense

Lágrimas, caras largas, enojo, dolencias y hasta la espontánea reacción de Celso Borges al apagar el televisor que está afuera del camerino de Alajuelense para evitar que la tortura fuese mayor

Minutos después de que la ilusión se pulverizó y se convirtió en una verdadera pesadilla para Liga Deportiva Alajuelense, todos los integrantes del equipo tuvieron que tragar grueso.

Unos lloraron con el pitazo final de Benjamín Pineda, como Carlos Mora y Alex López, Alexis Gamboa y Giancarlo González, invadidos por la impotencia de que ya no tenían nada que hacer.

Experimentaban esa sensación dolorosa de que una vez más le habían fallado a esa gente que les llenó el estadio y que aunque existía la duda de si el equipo una vez más se caería al final, creyeron.

Los jugadores de Alajuelense se encontraban invadidos por esa decepción de estar tan cerca y literalmente ahogarse a la orilla.

Hubo frustración en las gradas y en medio del dolor la mayoría optaron por irse cabizbajos del estadio. Algunos temían que todo se volviera un caos si la Liga no alcanzaba su objetivo, como pasó. Pero es que esta vez hubo más seguridad.

Eso sí, un aficionado entró a la cancha para golpear a Marcel Hernández; mientras que otro intentó agredir a Albert Rudé con lo que parecía un suéter y el español, en medio de su frustración, algo le respondió.

De los jugadores, unos salieron renqueando y muy afectados, como Johan Venegas, quien tenía un dolor insoportable y se fue en ambulancia a un centro médico.

Celso Borges tampoco podía caminar bien. Desde que se lesionó, la Liga la empezó a pesar mal de nuevo, aunado a que Alex López dio todo lo que tenía hasta que aguantó.

El mediocampista hondureño se dedicó a jugar y a demostrar en la cancha que realmente quería el título, hasta que su cuerpo no soportó más y terminó como se diría popularmente, ‘reventado’.

Las lágrimas de López al finalizar el juego decían mucho y el argentino Israel Escalante trataba de consolarlo, porque en estos meses se han hecho amigos y sus familias comparten mucho.

El catracho realmente está muy encariñado con Alajuelense y en sus adentros solo tenía la idea de ser campeón; pero Alajuelense no pudo traducir su objetivo en realidad.

Pero pronto separarán caminos. Escalante, que llegó a préstamo de Boca Juniors con un paso sin pena ni gloria, está en la lista de los pocos jugadores que saldrán del equipo. La plaza de extranjero se necesita, porque los rojinegros buscan un delantero y uno de los candidatos más fuertes es Rolando Blackburn.

El primero en hacerlo fue Yurguin Román, quien después de 18 años de formar parte de la Liga optó por buscar nuevos rumbos, aunado a que en Alajuelense ya tampoco tendría mayor participación. Su destino está en San Carlos.

Uno a uno todos los integrantes de Alajuelense tuvieron que salir del camerino para recoger la medalla de subcampeones nacionales.

Era un momento muy duro para ellos, para los jugadores, para el presidente Fernando Ocampo, para Agustín Lleida y para Albert Rudé y su cuerpo técnico.

Uno de los últimos en salir fue el técnico español y si ya le habían cantado “fuera Rudé”, en ese instante la emprendieron más contra él. Su continuidad está en análisis.

Bryan Ruiz ni siquiera sabía que había un trofeo para el subcampeón y por eso después de recoger la medalla se fue al camerino y ya se había quitado la camisa.

El ‘10′ tuvo que salir de nuevo, bajo esa llovizna, con un paño en los hombros y al verlo, Agustín Lleida lo primero que hizo fue decirle a Israel Escalante que se quitara la jacket y se la diera a Ruiz.

Fue, recibió la copa de subcampeón con cara de pocos amigos y nadie pronunciaba palabra alguna.

Solo Fernando Ocampo irrumpió el silencio en medio del dolor liguista en ese trago amargo en la cancha: “Felicitar a Cartaginés, fueron mejores que nosotros en esta serie, son justos campeones. Reconocer la labor de don Leonardo (Vargas) y toda la dirigencia, son justos ganadores. A la afición, estamos dolidos, derrotados, agradecerles todo el esfuerzo y pedirles disculpas”.

Muy rápido todo el equipo estaba de nuevo en un camerino lleno de caras largas, de rostros desencajados y sin explicaciones.

Los familiares aguardaban en las afueras del vestuario, pero a diferencia de otras veces, Bryan Ruiz y Agustín Lleida fueron a dar declaraciones.

Mientras ellos tragaban grueso, pero daban la cara, Johan Venegas ingresó a la ambulancia para ser trasladado a un centro médico.

También preocupaba lo ocurrido con Celso Borges, porque se pensó en una lesión muy seria. Sin embargo, el volante podía mover bien el pie y solo con eso ya el pronóstico cambiaba de manera radical.

Salió del camerino, pero en ese pasillo de acceso restringido y al que desde hace algún tiempo le pusieron un portón para que no se pueda ver hacia adentro hay un televisor.

Quienes andaba por ahí lo menos que hacían era ponerle atención a las imágenes de la transmisión de FUTV en ese instante, pero él sí se percató de que mientras ellos digerían el trago amargo de un fracaso porque no hubo campeonato para la Liga, ese televisor proyectaba toda la fiesta que se vivía en Cartago.

De inmediato, Celso tuvo una reacción espontánea y lo que hizo fue simple y sencillamente desconectar el televisor. Eso no cambiaba la realidad de la Liga, pero él consideró que ya era suficiente.

Poco a poco salían los futbolistas e integrantes del cuerpo técnico. Eso sí, llamó la atención la manera en la que se despedía la esposa del asistente Óscar ‘Rambo’ Torres, porque sus palabras llevaban un agradecimiento por el trato recibido.

Ya era tarde, pasada la medianoche. Cartaginés emprendió su periplo hacia la Vieja Metrópoli en medio de pitoretas y una algarabía que irrumpía la calma propia de esas horas.

Del plantel, Bryan Ruiz fue el último futbolista en marcharse.

Ya ni siquiera quedaban aficionados afuera del Morera Soto. Los últimos en irse fueron Agustín Lleida y Albert Rudé.

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