José Pablo Alfaro Rojas. 17 octubre

Cuando cada pelota se pelea como si no hubiera un mañana, es porque existe un común denominador que acrecienta los bríos de los actores en la cancha, con un efecto rebote sobre la grada que eleva los decibeles por encima del volumen normal.

El factor que rompe con la habitualidad tiene nombre y apellido. Fue el último en salir del vestuario; porta un abrigo negro con ribetes rojo y amarillo, camina despacio hacia el banco pero antes hace una breve parada para saludar a Martín Arriola, el técnico que lo sustituyó.

Paulo Wanchope regresó al Fello Meza para condimentar un duelo con dos escenarios que lo colocaban dentro de la ecuación final. El Team, con dos caídas al hilo, necesitaba ganar, más aún cuando Chope insinuó en la antesala del duelo que podría separar futbolistas.

Y Cartaginés, motivado por una seguidilla de buenos juegos y aún dolido por la forma en que el entrenador abandonó el club, dejándolo a tres puntos del descenso y en medio de una crisis.

Paulo Wanchope se lamenta, tras la caída florense ante Cartaginés. Fotografía: Rafael Pacheco.
Paulo Wanchope se lamenta, tras la caída florense ante Cartaginés. Fotografía: Rafael Pacheco.

El protagonista de la película escogió una locación compleja, con una gramilla mojada y frente a un adversario capaz de jugar sin complejos, con el paso de los minutos, denotó la fluidez de un estilo agresivo, de apertura por los costados, con Paolo Jiménez y Jossimar Pemberton como pilares en la generación, y Marcel Hernández como pieza clave en punta de lanza.

En contraparte, el Team fluyó alrededor de sus extremos, Keysher Fuller y Berny Burke, y a razón de la lectura de juego de José Guillermo Ortiz para robar la espalda de la zaga rival.

El enfrentamiento se tornó en un choque de trenes, con corridas constantes y jugadas apremiantes en ambas porterías. Fue Cartaginés el que empezó dominando, pero posteriormente equiparó Herediano, ambos con recetas claras y similares, con la velocidad y los pases largos a la espalda de los centrales como eje de las acciones de gol.

El equipo de la Vieja Metrópoli celebró primero. William Quirós cerró un centro al área al 8' para abrir la cuenta, ante el descuido de la retaguardia florense. Apenas dos minutos más tarde, Júnior Díaz recibió un balón al borde del área y remató fuerte para equilibrar el juego.

El gol sacó de las cobijas a Herediano, que se sacudió con constantes centros al área y filtraciones que, por poco, terminan en la red. De no ser por las intervenciones del cancerbero Darryl Parker, quien detuvo dos buenos disparos, el más claro un cabezazo de Ortiz.

El segundo periodo arrancó tan intenso como el primero, pero esta vez Herediano se encargó de anotar el 2 por 1, cuando el central Ricardo Montero señaló una mano de Marcel Hernández. Ortiz engañó a Parker para darle a los florenses la ventaja al 49'.

Chope lo celebró con un gesto de euforia, manotazos al aire y un trago de agua.

Cartaginés celebra la tercera anotación del cotejo. Fotografía: Rafael Pacheco.
Cartaginés celebra la tercera anotación del cotejo. Fotografía: Rafael Pacheco.

La batalla se transformó en una pelea campal con acciones en ambas puertas. Cartaginés soltó las amarras para soltar sendos golpes que apenas si pudo frenar la zaga florense.

Y a la contra, el Team se encargó de lanzar uno que otro gancho, que por poco le coloca la lápida al cotejo. No fue así.

Lo último que hizo Cartaginés fue rendirse.

Peleó, sudó sangre.

Corrió como nunca antes. Con una fuerza de voluntad gigantesca. Como si fuera una final personal.

En el epílogo del enfrentamiento, Giovannie Clunie igualó los carteles al 87′, después de un gran pase de Nelson Barahona.

El empuje brumoso fue tremendo hasta el cierre y así lo hizo ver Paolo Jiménez, el corazón de la cantera blanquiazul penetró por el perfil izquierdo hasta lanzar un centro quirúrgico para Marcel Hernández. El cubano, el mejor fichaje de Chope, perforó las redes con un remate a quemarropa al 91′.

Lo celebró Cartaginés. El desquite llegó y de que manera. Triunfo en la agonía, como mejor le sabe a los brumosos.

En el banquillo de Cartaginés se celebró con una euforia particular. Se lanzaron al suelo algunos, se abrazaron otros. Un golpe a la moral de un equipo que sigue vivo.