
Freddy Álvarez tomó una decisión, luego de comprender que hay dolores que no se explican con palabras, solo con silencios y con acciones después de un golpe tan fuerte; porque para el futbolista costarricense, la vida se detuvo el pasado 24 de enero en Albania, cuando falleció su hija Irina, de manera trágica.
Desde ese día, el legionario transita en esa frontera difusa entre la pesadilla de la pérdida y la paz de saber que su pequeña, de apenas nueve años, ahora cuida sus pasos desde el cielo.
Aunque no hay un reporte oficial detallado, medios locales en el país europeo informaron que la pequeña sufrió un accidente doméstico al caer de un camarote.
El regreso a Costa Rica el 29 de enero no fue el que cualquier legionario sueña. No hubo trofeos ni celebraciones, solo el peso de un corazón destrozado y la misión de traer a su chiquita de vuelta a casa para darle santa sepultura.
La velaron en la casa, en Playa Brasilito y en Santa Cruz, rodeado de su gente y del paisaje donde Irina fue inmensamente feliz, el futbolista y su familia le dieron el último adiós.
El K.F. Tirana, su club en Albania, demostró que el fútbol es mucho más que un partido, al ayudar en todo a ese hombre que llegó como refuerzo y que llevaba muy poco tiempo en esa institución.
A Freddy Álvarez le dijeron que se tomara todo el tiempo que necesitara. Y él está convencido de que ya es el momento de ponerse los tacos de nuevo.
El jugador se siente muy agradecido con ese respaldo total que le dieron en una situación tan difícil. Ese gesto del K.F. Tirana, sumado al apoyo incondicional de su representante, José Luis Rodríguez (Fútbol Consultants), fue el soporte que le permitió respirar en medio del caos y el dolor.
La noche del martes 17 de febrero, Freddy volvió a mirar al cielo, pero esta vez desde la ventanilla de un avión. Junto a su esposa y su hijo, emprendió el regreso a Europa.
No vuelve solo por un contrato; vuelve porque sabe que Irina querría verlo brillar de nuevo en la cancha.
Poco antes de partir, el futbolista compartió una reflexión en una historia que publicó en su cuenta de Facebook y que resume el sentir de un papá que atraviesa el desierto del luto.
“El duelo no tiene reloj, hay días que duele como si fuera ayer y en cualquier momento llega un recuerdo y ese nudito en la garganta duele mucho”, escribió Freddy Álvarez.

Hoy, el K.F. Tirana lo recibe con los brazos abiertos y él tiene la firme intención de retribuir en la cancha todo lo que en ese equipo han hecho por él y su familia.
El fútbol ahora tiene un significado distinto para Freddy Álvarez. Ya no se trata solo de goles o asistencias, sino de honrar la memoria de su hija en cada minuto de juego y de demostrarle su gratitud al K.F. Tirana dento de la cancha.
Lo espera el balón, pero en su corazón viaja el recuerdo eterno de la niña de sus entrañas que siempre será su mayor inspiración.
Y ahora es el K.F. Tirana el que necesita de él, porque el equipo se encuentra en la penúltima posición de la Superliga de Albania, a un punto del colero, el Flamurtari.
