Si hay un partido político en Costa Rica acostumbrado a la crisis, ese es Liberación Nacional. Décadas de turbulencia interna podrían servirle ahora, cuando un resultado adverso en las urnas —aunque no exento de señales de esperanza— vuelve a poner a prueba su instinto de conservación.
El partido más antiguo del país acumula cuatro elecciones presidenciales sin ganar. El 1.º de febrero perdió en todas las provincias salvo Cartago, y cedió dos curules en la Asamblea. Y, aun así, no fue el gran derrotado de la jornada: con 17 diputados, será la principal fuerza de oposición.
¿Exactamente a quién responderá esa bancada y la estructura partidaria que la respalda? Esa es la pregunta que posa sobre el Balcón Verde.
El rostro de la campaña
Aquejado por la seguidilla de derrotas, el Partido Liberación Nacional (PLN) se encontró con un dilema en el 2022: mantener sus tendencias históricas o abrir paso a nuevos liderazgos que transformen el partido.
El 6 de abril del 2025, los votantes de la Convención Nacional Liberacionista dieron su veredicto: casi un 78% respaldó al precandidato con intenciones de renovación, Álvaro Ramos.
Aunque perdedor en la contienda presidencial, el liberacionista ganó la mayor cantidad de votos de un candidato verdiblanco en las últimas cuatro elecciones. El PLN no obtenía más de 800.000 votos desde que Laura Chinchilla triunfó en la primera vuelta de los comicios del 2010.
Ahora, Ramos afirma que está considerando ser presidente del PLN y se reunió con los diputados electos para elegir a Álvaro Ramírez como jefe de la fracción.
Pese a estas señales de liderazgo, el camino podría no estar despejado. La campaña política liderada por Ramos levantó tensiones con los liberacionistas cercanos a las estructuras tradicionales.
El excandidato calificó como enemigos de Liberación a “todos aquellos que desean continuar con las viejas prácticas y mañas de la vieja política”. Y rechazó la participación de figuras como el exalcalde de San José,Johnny Araya; los expresidentes Óscar Arias y José María Figueres; así como del expresidente del Congreso, Antonio Álvarez Desanti.
Para la politóloga Kattia Benavides, este momento es un “punto de inflexión” en el PLN. Si bien se está estableciendo el liderazgo de Ramos, al mismo tiempo se diluyen las tendencias tradicionales como el figuerismo, el arismo y el arayismo.
“Álvaro sí logró cambiar el discurso. Ya no se escucha a nadie decir que es de X o de Y tendencia”, afirmó Benavides.
El viraje no es solo de rostros y nombres, sino que la experta detalló que el PLN le apostó a volver a las tendencias más socialdemócratas que dominaron el partido en el siglo XX.
“Yo soy un socialdemócrata”, afirmó Ramos en el debate presidencial de Teletica. “Los socialdemócratas creemos en libertad, oportunidades para todos y sobre todas las cosas, una vida digna para todos”.
La confianza en la capacidad del economista para imponerse está lejos de ser universal. El politólogo Daniel Calvo, por ejemplo, afirmó que se cometió el error de elegir candidatos a diputados con poca experiencia y “sin mayor apego o afinidad partidaria” y que Ramos “es brillante, pero adolece de herramientas políticas para jefear el partido”.
El comportamiento y la cohesión de la fracción serán clave para el PLN. Ya el mandatario Rodrigo Chaves señaló a los verdiblancos como el terreno fértil para buscar aliados en la ambición de alcanzar la mayoría absoluta de 38 votos en el próximo Congreso.
“Vamos a reclutar a siete diputados que no sean obstruccionistas”, dijo Chaves sin reparos el pasado miércoles en su habitual conferencia de prensa.
Esta nueva etapa presenta también un reto territorial inusitado. En el 2014, el candidato del PLN, Johnny Araya, ganó en primera vuelta las zonas rurales y las costas, mientras que el Partido Acción Ciudadana (PAC) se colocó como la fuerza dominante en la Gran Área Metropolitana (GAM).
Doce años después, los cantones rurales fueron ampliamente dominados por el Partido Pueblo Soberano (PPSO). Esta realidad fue reconocida por Ricardo Sancho, presidente del PLN, quien declaró a La Nación que el mensaje del partido no ha llegado a los territorios rurales.
“Estaremos trabajando muy de cerca con las costas y sectores limítrofes, donde tenemos que hacer un trabajo de organización pensando hacia adelante en un congreso del partido que defina cuáles son esos compromisos con esos sectores sociales”, afirmó Sancho.
La prueba de fuego para determinar qué persiste de la estructura territorial del partido serán las próximas elecciones municipales del 2028. En las más recientes, realizadas en el 2024, Liberación consiguió 29 alcaldes, pero cuatro de estos luego le dieron su adhesión al PPSO.
¿Qué dice el partido?
Miguel Guillén, secretario general del PLN, así como Ricardo Sancho, aseguraron que el partido mantiene un sistema de distribución del poder.
Guillén mencionó que la conducción política no descansa en una figura individual, sino en un entramado institucional claro y deliberativo: el Comité Ejecutivo, el Directorio del Comité Ejecutivo Superior Nacional, el Directorio Político Nacional y la Asamblea Nacional.
“Esa ha sido, históricamente, una de las fortalezas distintivas de Liberación Nacional”, aseveró.
Según el secretario general, el PLN nunca ha tenido liderazgos únicos, sino que han coexistido diversidad de referentes políticos.
“Hoy resultan claramente identificables los liderazgos de los expresidentes Óscar Arias y José María Figueres, así como un liderazgo emergente, renovador y con proyección nacional, como el de Álvaro Ramos. Esta convivencia intergeneracional no es una debilidad: es una reserva estratégica de experiencia, visión y capacidad de adaptación”, manifestó.
Sin embargo, la “convivencia intergeneracional” podría no ser armónica. El PLN debió sancionar a delegados de la asamblea cantonal de San Ramón por resistirse a asistir a una reunión necesaria para renovar la estructura del partido y acceder a la deuda política. La situación podría repetirse en Puerto Jiménez.
Consultado por La Nación, el expresidente Óscar Arias se limitó a declarar sobre el rol que cree que debe tener la próxima fracción legislativa.
“Como diputado en 1978, en el gobierno de don Rodrigo Carazo, siempre manifesté que apoyaría aquellos proyectos de la bancada oficialista que considerara beneficiosos para Costa Rica, y discreparía con los proyectos que pensara que no eran convenientes. Dije entonces que en la vida se requiere más valor para coincidir que para discrepar”, manifestó Arias.
Este diario también pidió una reacción a Ramos, a su teléfono personal y por medio de su encargado de prensa, pero al cierre de edición no hubo respuesta.
