“Ay don Eli, ay doña Claudia, ay don Fabricio”, repitió en varias intervenciones la candidata oficialista, Laura Fernández, apegada con disciplina a lo que parecía ser un manual de estilo cuidadosamente ensayado.
El “ay, ay, ay”, fue una de las tónicas a lo largo el debate de Repretel y Monumental, en una noche larga donde la asistencia de la abanderada del continuismo era quizá la mayor curiosidad prevista para la transmisión denoniminada “Debate Total”.
Y total, en efecto, fue una sola dinámica la que se le ofreció a la audiencia: un todos contra todos entre los ocho candidatos presentes. Cada uno preguntaba, recibía respuesta, repreguntaba y volvía a escuchar otra respuesta. Así, con pocas pausas, sin variaciones, sin demasiadas concesiones a la memoria humana, técnicamente, la propuesta fue impecable, mientras que la escenografía fue elegante.
Se hizo un cruce parecido a la modalidad en la que discurre el torneo de fútbol local, solamente que, en esta ocasión, todo sucedió en una misma fecha de casi tres horas y media. Un calendario entero resuelto en una noche, con el mismo desgaste.
Los moderadores, Febe Cruz y Randall Rivera —directores de Monumental y Repretel, respectivamente— fungieron más como testigos del encuentro que como árbitros. La mano periodística fue, en el mejor de los casos, invisible.
La dinámica de preguntas directas imprimió agilidad, pero también puso a prueba la atención y la paciencia. El debate fue limpio en estructura, aunque se convirtió en un pin-pon acelerado donde la bola cambiaba de tema, tono y protagonista a una velocidad difícil de procesar. La retentiva no da para tanto.
Como en todo debate, hubo preguntas destinadas a explorar acuerdos en un eventual gobierno; otras, diseñadas no para obtener respuestas sustantivas, sino para escuchar al preguntador explicarse a sí mismo. También hubo preguntas que iban con una intención clara de sacar los trapos sucios del pasado o destapar los puntos ciegos.
Entre tantas combinaciones posibles, lo que queda en la memoria no es tanto. Subjetivamente, destaco lo siguiente:
Eli Feinzaig
Mostró la solidez que se le vio hace cuatro años y que, curiosamente, había estado ausente buena parte de esta campaña. Se concentró en marcar diferencias con otros partidos liberales y recordó los riesgos de levantar garantías individuales, una idea que tres candidaturas parecen dispuestas a aplicar. No se fue sin lanzar dardos: “Su lista de candidatos a diputados parece más un cartel”, le dijo a Fernández en un momento.
Natalia Díaz
La candidata de Unidos Podemos le bajó el tono a la altanería y se mantuvo con mesura. Insistió en que el pasado no es tan relevante para ella, que no importa de quién son las culpas, porque lo importante es ver hacia adelante. Insistió en que el pasado no importa y que lo relevante es ver hacia adelante, un borrón y cuenta nueva que aplicó estrictamente cuando le cuestionaron su rol como ministra del actual gobierno. Al momento de preguntar, sin embargo, fue minuciosa y exigente con los currículos ajenos. Fiel a su estilo deshumanizante, no sorprendió al reiterar que no considera necesarias políticas diferenciadas para mujeres solo por su condición de género.
Ariel Robles
Le aportó humor al debate con salidas como: “Me pregunto a cuál supermercado irá doña Laura. Ahí debe haber muy buenas ofertas”, en referencia a la percepción oficialista de que el costo de la vida ha bajado. Fue agudo en sus preguntas y tajante en sus respuestas. Entendió bien quiénes son sus rivales reales y fue quien más incomodó a Fernández y a Claudia Dobles. Logró sacar de personaje a la oficialista al citarle textualmente a su candidato a diputado José Miguel Villalobos, una cita que ella desconocía… y que no lo dejaba nada bien parado.
Álvaro Ramos
Confirmó una curva ascendente en su desempeño. Se mostró preparado para los cuestionamientos y solo lució menos sólido al defender su postura sobre las jornadas 4x3. De resto, salió bien librado, incluso al referirse a las fracturas internas de su partido. Insistió en sus ejes programáticos, como el gota a gota y el término “alivio económico”. Además, puso sobre la mesa el tema de salud mental. Fue de los más enfocados en defender propuestas concretas.
Juan Carlos Hidalgo
El socialcristiano tuvo otro debate de muy buen nivel. Nadie parece recordar que el PUSC estuvo en el poder, lo que lo blinda de ataques directos y le permite concentrarse en vender su plan de gobierno. Protagonizó uno de los momentos más picantes al mostrar un folleto con el pacto entre el oficialismo y pastores evangélicos. La aludida respondió negando con la cabeza, como si el gesto bastara para desintegrar una prueba física a unos cuantos atriles de distancia.
Claudia Dobles
Fue hábil cuando tuvo la oportunidad de aludir a su propio plan de gobierno en apartados muy diferentes, así como cuando hizo señalamientos de amenaza del continuismo. Arrancó bien, pero poco a poco las alusiones a su vínculo con el pasado gobierno del PAC la fueron desinflando. Los cuestionamientos le llegaron desde todos los atriles. No logró desmarcarse, pero tampoco supo decir perdón. En cambio, ofreció respuestas evasivas. Sin duda, no fue su mejor noche.
Laura Fernández
Demostró ser una aplicada discípula del método actoral de Pilar Cisneros. No soltó la sonrisa prácticamente en ningún momento, algo poco habitual en un ser humano promedio, pero funcional dentro de su estrategia. Evitó referirse a su candidato a diputado José Miguel Villalobos en al menos tres ocasiones. Esquivó ataques y devolvió golpes culpando a terceros, desacreditando incluso pruebas verificables presentadas por otros candidatos. “Ay doña Laura…”. Nada nuevo, y nada que erosione su base dura.
Fabricio Alvarado
Se dedicó a recordarle a la audiencia que él es el conservador. Repitió la palabra más veces de las que tomó agua. Su discurso genera flashbacks a campañas pasadas, ahora condimentados con blockchain como palabra comodín. A estas alturas, su desempeño en debates resulta casi irrelevante: acumula más denuncias por acoso que puntos en las encuestas, y eso pesa —y mucho— en su viabilidad como alternativa presidencial.
En la cuenta regresiva para el día de las elecciones estos últimos debates todavía podrían ser provechosos para quienes siguen indecisos entre un par de alternativas. La mecánica
Nunca supe por qué este debate era “total”, pero para cuando la emisión ya estaba entrada en horas, asumí que el nombre podía tener que ver con que uno, como espectador, se preguntaba repetidamente “¿total dentro de cuánto se acaba?”. A pocos días para las elecciones, esa misma pregunta se repite en la cabeza. Ay…