
La costarricense Rebeca Grynspan impulsa una propuesta de reforma para la Secretaría General de las Naciones Unidas (ONU) —cargo al que aspira— con la que plantea transformar el perfil del máximo representante del organismo: de una figura principalmente protocolaria a un facilitador directo de acuerdos en contextos de crisis y guerra.
Grynspan expuso su plan durante una audiencia pública ante la Asamblea General de la ONU, donde delineó una visión en la que la Secretaría General asumiría un papel activo en la mediación de conflictos y en la reconstrucción de la confianza en el sistema multilateral.
“Seré una constructora de paz. Actuaré antes de que los conflictos estallen. Seré la primera en levantar el teléfono. Viajaré a donde están las guerras. Hablaré con todas las partes”, indicó, ante los embajadores de los 193 Estados miembros y representantes de la sociedad civil.
Para materializar ese enfoque, la candidata sostuvo que impulsará una transformación interna de la oficina de la Secretaría orientada a hacerla más ágil, representativa y eficaz, con capacidades reales para intervenir en escenarios complejos y responder a las demandas actuales de la comunidad internacional.
Mediación en el centro del cargo
El corazón de su propuesta es reposicionar la mediación como función principal del secretario general. Grynspan planteó retomar y fortalecer los llamados “buenos oficios” del cargo, con una presencia directa en los espacios donde se negocia la paz.
“Tenemos que volver a la mesa donde están las crisis, donde se están dando las discusiones, donde se está forjando la paz. Tenemos que estar ahí, no solo para estar presentes, sino para forjar acuerdos”, subrayó.
Para ello, propuso una reestructuración profunda de la oficina del secretario general, que hoy —según señaló— no cuenta con las capacidades necesarias para mediar de forma efectiva.
“No hay forma de hacer mediación en una estructura burocrática piramidal. Necesitamos equipos flexibles, ágiles, con objetivos claros”, defendió.

En su planteamiento, la unidad política del despacho se transformaría en un espacio especializado en mediación, con mayor articulación entre prevención de conflictos y resolución diplomática, apoyado en equipos pequeños con alta capacidad de respuesta.
Como parte de ese enfoque, adelantó que una de sus primeras acciones, en caso de resultar electa, sería convocar a todos los enviados especiales de la ONU para conocer de primera mano la situación en el terreno: “Tenemos que escuchar y saber exactamente qué está pasando sobre el terreno para tomar decisiones”.
Su propuesta apuesta por una diplomacia directa, con presencia en el terreno y disposición a insistir, incluso ante rechazos. “Propondré diez ideas, aunque fracasen, y aceptaré el costo del rechazo para seguir intentando. Hacer la paz requiere persistencia”, declaró.
Independencia sin confrontación
La candidata también defendió la necesidad de mantener la independencia del cargo, pero sin romper los canales de diálogo con los Estados miembros. “Siempre he sido independiente, pero lo he hecho sin acritud. Ese es el balance: ser independiente y mantener el compromiso con todos los países”, afirmó.
Este equilibrio, según explicó, es clave para sostener la legitimidad del secretario general dentro de un sistema multilateral complejo.
Mayor peso político en el Consejo de Seguridad
Otro componente de su propuesta es reforzar la participación del secretario general en el Consejo de Seguridad de la ONU. Grynspan considera que el rol debe ir más allá de las intervenciones formales y extenderse a espacios informales de discusión.
“Haría un mayor esfuerzo por asistir incluso a las consultas informales del Consejo para hablar con más franqueza sobre las situaciones en curso”, indicó.
En su visión, el secretario general debe facilitar acuerdos en contextos altamente polarizados, buscando puntos de convergencia aunque sean parciales.
“El trabajo del secretario general es abrir espacios en contextos de intereses muy polarizados y divergentes para buscar convergencias y encontrar puntos en los que podamos lograr acuerdos. No tenemos que estar de acuerdo en todo, pero sí en aquello que es importante para el mundo y para millones de personas”, explicó.
Equipos diversos y mejor representados
La candidata subrayó que el éxito del cargo depende también de la calidad y diversidad de su equipo.
Ante los cuestionamientos de distintos embajadores sobre la falta de representación de un grupo importante de naciones, Grynspan se comprometió a combinar la representación geográfica y cultural con la excelencia profesional, al tiempo que reconoció la existencia de brechas actuales a lo interno de la misma ONU.
Cerca de 30 países están subrepresentados y unos 20 no tienen presencia en el personal del organismo. Para Grynspan, esto requiere una política más activa de gestión del talento.
Reconstruir la confianza en la ONU
Finalmente, la aspirante identificó la pérdida de confianza como uno de los principales retos de la organización.
“La tarea principal del secretario general es reconstruir la confianza en esta organización”, destacó.
Esa confianza, explicó, debe recuperarse tanto entre los Estados miembros como entre la ciudadanía global, y pasa necesariamente por el tipo de liderazgo que se ejerza desde la Secretaría General.
“No se puede reconstruir la confianza en una organización si su líder no es confiable”, advirtió.
Además, propuso transformar la comunicación institucional para que deje de ser vista como mercadeo y se convierta en parte esencial de la acción de la ONU.
Grynspan disputa el cargo para dirigir la ONU con la chilena Michelle Bachelet, el argentino Rafael Grossi, y el senegalés Macky Sall.
Desde su fundación en 1945, la ONU nunca ha tenido una mujer al mando y solo un latinoamericano, el peruano Javier Pérez de Cuéllar, entre 1982 y 1991. El puesto es ocupado actualmente por el portugués Antonio Guterres, quien concluye su segundo periodo el próximo 31 de diciembre.
