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Tres pasos para elegir al mejor candidato

Vemos y sentimos las crisis económica, social y sanitaria, pero la política suele pasar inadvertida

La crisis económica, social y sanitaria son más visibles por su impacto inmediato en las personas que la política. Esta última se manifiesta en los representantes populares en el gobierno y en la oposición, debido a la falta de experiencia y liderazgo para afrontar las demandas ciudadanas.

Salvo contadas excepciones, la gran mayoría suele tomar decisiones sobre cuestiones coyunturales y por ansias de protagonismo mediático, por tanto, sin rumbo, sin planificación, sin interés de resolver lo que agobia a los costarricenses.

Las cuatro crisis juntas son germen para el surgimiento de políticos populistas, que recogen el descontento e invierten más esfuerzos en alimentar las disconformidades que en hallar soluciones viables a los problemas nacionales.

Todos tenemos una parte de responsabilidad a la hora de ejercer el voto, por ende, es necesario un ejercicio de análisis de propuestas, liderazgo y equilibrio entre la experiencia y la capacidad de actuar con decisión en las circunstancias difíciles que enfrentamos.

Es buen momento de empezar el ejercicio. Los partidos ya proponen precandidaturas presidenciales y nombres de aspirantes a la Asamblea Legislativa. Es ahora cuando es posible incidir en el proceso y no esperar hasta febrero, cuando las papeletas están armadas.

Me tomo la libertad de sugerir un método que sopese algunos aspectos, tomando como premisa inicial que políticos perfectos no existen, porque no hay nada más imperfecto que la política.

De hecho, es la ciencia de lo perfectible, de lo mejorable, de hacer que las cosas necesarias para la población sean posibles a través de procesos de negociación.

Paso uno. Sugiero, como primer paso, fijarse en las cualidades básicas de las personas que se postulan: honestidad, experiencia, preparación, habilidades para el diálogo, qué tan fuertes son para no dejarse chantajear por sectores económicos o sociales y cuál es su agenda para el país.

Una pregunta clave es si esa persona será capaz de tomar las acciones necesarias aunque sean impopulares.

Segundo paso. Este consiste en un análisis de la ética de los candidatos en los ámbitos público, si han ejercido alguno, y en el privado; si ha luchado por el fortalecimiento de la institucionalidad democrática y si en su carrera figuran la defensa y promoción de los derechos humanos.

En el análisis de las propuestas y planes de gobierno es fundamental prestar atención al cómo, porque sabemos lo que aqueja a Costa Rica; sin embargo, no todos los postulantes conocen la manera de llevar a cabo un cronograma de gobierno: ¿Es viable la propuesta? ¿Cuánto presupuesto va a asignarle al proyecto que propone? ¿De dónde saldrá el dinero para financiarlo? ¿Le acompañará el equipo capacitado para concretar sus promesas? ¿Es una ocurrencia que suena bien, pero no tiene sustento técnico? ¿Podría su plan violar derechos y eliminar conquistas sociales? ¿Podrá cristalizar la promesa desde el Ejecutivo o precisará apoyo del Legislativo?

Paso tres. Por otra parte, está la transparencia, para la cual es fundamental la apertura con los medios de comunicación sobre cualquier asunto, por polémico que sea. Quienes rehúsan hablar con los medios o lo hacen a través de terceros no son de fiar y tampoco deberían gobernar un país.

Quizás suene a quimera y por eso un estudio concienzudo de los pros y los contras ayude a cada uno a efectuar su propio balance, como ejercicio de responsabilidad.

El compromiso ciudadano debe estar enfocado en no dejarse seducir por discursos adornados con palabras bonitas y convincentes, ni por extremistas ni fundamentalistas, porque a mediano plazo podrían colocar a Costa Rica en una situación peor que la actual.

t.solano.herrera@gmail.com

El autor es politólogo.