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Quitemos la carga de la espalda de la gente

Qué lamentable es que la buena idea de una coalición de varios partidos no fuera posible

Qué lamentable es que la buena idea de una coalición de varios partidos no fuera posible. Es preocupante que quienes encabezan esos grupos no tengan conciencia de la situación difícil y vulnerable en que está nuestra democracia: atascada y llena de desigualdades.

Se necesita con urgencia una alianza, una coalición de partidos —aunque sea de palabra, como aún actúan las personas honestas— con el compromiso de favorecer la reforma del Estado y sacar al país del estancamiento y del cuantioso endeudamiento que nos heredará este gobierno junto con el Fondo Monetario Internacional.

Para una coalición, se requiere voluntad y retomar la misión de servir a la sociedad, dar paso al ciudadano abnegado, íntegro, capaz y luchador —requisitos que deberían exigir los partidos políticos sin distingo de color— para que asuma la candidatura.

En las décadas de los 40, 50 y 60 los políticos trabajaban duro junto con los ciudadanos. Se echaban el país al hombro para guiarlo hacia el primer mundo, pero a partir de los 70, la nueva generación no soportó chimarse con una carga tan pesada.

Para librarse del compromiso, crearon el Estado empresario; un rotundo fracaso. La persistencia política halló la clave para asegurar jugosos salarios y beneficios a los empleados públicos sin mayor exigencia en el desempeño: la curriculocracia. El peso caería entonces sobre las espaldas de la ciudadanía.

El interés de la clase política consiste modernamente en colocar riostras para sostener la enorme, pesada y dañada estructura estatal, y así evitar el derrumbe con el fin de seguir sosteniendo su buen estilo de vida y el de otros grupos de presión.

Se sabe desde tiempos inmemoriales: músico pagado no toca buen son.

La reducción del tamaño del Estado depende de la venta de activos, del cierre de instituciones innecesarias u obsoletas y la apertura de monopolios.

Tomando esas acciones el país se beneficiará de recursos sanos, disminución significativa del gasto público y la reducción del costo de los combustibles y la electricidad, lo cual redundará en mayor competitividad en la producción y las exportaciones. Habría, por cierto, una merma sustancial de la deuda y del pago de intereses.

El Estado debe atender de manera prioritaria áreas esenciales que ya son motivo de serias preocupaciones para la ciudadanía: la pobreza educativa pública en las escuelas y colegios, la infraestructura dañada, el déficit de computadoras y acceso a Internet en las regiones alejadas, por ejemplo.

Fortalecer la educación técnica, de servicios y otros idiomas para incorporar a más personas al empleo formal es impostergable, así como también mejorar la infraestructura donde se encargan de la seguridad pública —maltrecha en muchos sitios— y dotar de equipos y capacitar a la policía con el objetivo de bajar la alta tasa de criminalidad.

Hay proyectos cuya concreción cambiarían por completo al país, como el tren urbano, el cobro electrónico en los autobuses, afanarse en resolver el problema de los eternos derrumbes en la ruta 32 y no cejar en el empeño de construir las obras en la Circunvalación y otras regiones.

Hay suficientes personas con el perfil idóneo, quienes con un adecuado plan de gobierno y junto con ministros capaces y luchadores —como Rodolfo Méndez Mata— harían que el país despierte de su medio siglo de sopor y se encamine de nuevo hacia el desarrollo.

enejimenezfallas46@gmail.com

El autor es ingeniero.