
En estas páginas, la diputada Abril Gordienko López se pregunta: ¿Y nuestra política exterior de Estado? La respuesta es sencilla: la administración Fernández Delgado carece de política exterior de gobierno. Y desconoció la política exterior de Estado, construida a partir de los principios y valores adoptados a mediados del siglo XIX. En alguna medida, desde el 2022 desapareció la dimensión de Estado de las acciones exteriores de Costa Rica, la cual no se puede confundir con las relaciones exteriores, tanto políticas como comerciales y de defensa.
Por política exterior se entiende una política pública formulada dentro del Estado por las instancias indicadas en la Constitución y condicionada por factores internos y externos, que se implementa en el ámbito internacional. En ese sentido, se trata de un conjunto de decisiones y acciones que adopta un gobierno en relación con otros Estados y actores internacionales, para promover sus intereses y proteger su seguridad y bienestar; también, para proyectarse en el sistema internacional en función de la imagen autopercibida, según la he definido en varias publicaciones.
La política exterior es influenciada por diversos factores (geografía, geopolítica, historia, economía, ideología y lo estratégico-militar –no significa tener Ejército–, entre otros). Por consiguiente, hay política exterior de gobierno: aquella que la Presidencia de la República y el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto definen, al dar prioridad a determinados temas de la agenda exterior de Estado. Es decir, asuntos que la Administración precedente consideraba de relevancia secundaria pueden pasar a un primer plano, y viceversa.
La política exterior de Estado es aquella que se fundamenta en los principios y valores que caracterizan la posición internacional del país. Estos no cambian con las variaciones en el gobierno de turno. Se mantienen a lo largo de muchas décadas; y, en el caso de Costa Rica, desde el siglo XIX. Me refiero a la firme adhesión al derecho internacional, sobre todo a la protección de los derechos humanos, que convirtió al país en uno de los principales defensores en los foros internacionales. Esto ha sido reconocido desde 1945 y por eso se aludía a “nuestra voz en el mundo” en la década de 1970.
Un segundo principio es la reticencia al uso de la fuerza y la preferencia por la resolución pacífica de conflictos, junto con la condena firme a toda guerra y violación de la integridad territorial de los actores estatales. Esto no solo alude a la amenaza exterior a Costa Rica, sino a todos los conflictos bélicos –ahora incluye el combate al crimen organizado–. En tercer lugar, el decidido apoyo al multilateralismo y a la democracia, que en el fondo es la lucha por la vigencia de este sistema en todo el mundo.
Luego, Costa Rica ha exigido en la ONU la vigencia de temas como la desmilitarización y el desarme a nivel mundial, pero sobre todo la no proliferación de armas de destrucción masiva. Varias de las iniciativas impulsadas a escala mundial han sido propuestas por el gobierno costarricense. Un quinto principio es la neutralidad perpetua, activa y no armada, que se fundamenta en declaraciones del siglo XIX y se formaliza en noviembre del 2014, precisamente en una coyuntura –la invasión rusa a Crimea– que rompió con el orden de seguridad internacional vigente desde 1945.
Y el pilar más reciente es la promoción de acciones en materia de protección del medio ambiente y el desarrollo sostenible.
¿Por qué afirmo que la administración Fernández Delgado carece de política exterior de Estado? Al revisar el plan de gobierno propuesto por el PPSO en la campaña electoral, solo hay una página (p. 52) que mezcla la parte política y comercial de la acción exterior de Costa Rica. Y ninguno de los puntos ahí enumerados corresponde a la “política exterior en su dimensión política”. Incluso, llama la atención que garantiza que la “Agenda 2030 se implemente en Costa Rica”, y ahora el gobierno decidió declararla contraria a todos los principios y valores costarricenses, cuando los fundamentos de esa agenda responden a la política exterior de Estado desde mediados del siglo pasado. El resto de las enumeraciones corresponden a comercio exterior.
En el discurso de toma de posesión, la presidenta Laura Fernández Delgado solo hizo una escueta mención a política exterior y prometió defender la paz, la democracia y el respeto a los derechos humanos; otras expresiones fueron sobre comercio exterior. Es decir, no trazó las líneas de política exterior de su gobierno. Y, en la práctica, ni siquiera ha cumplido con esa promesa del 8 de mayo.
En política exterior, la improvisación y la reacción no son parte de una posición de gobierno, y menos de Estado. Y desde que el canciller Manuel Tovar Rivera –más vinculado a comercio exterior– asumió el Ministerio, tampoco ha expresado cuáles son las prioridades del país en materia de política y relaciones exteriores. Por eso, señora diputada Gordienko López, es que afirmo que esta administración carece de política exterior de gobierno, y menos aún pensar en una de Estado.
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Carlos Murillo Zamora es catedrático de la Universidad de Costa Rica (UCR) y de la Universidad Nacional (UNA).
