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Legislativos saltos con garrocha

Hay listones que no pueden ser sobrepasados, a menos que se atropellen la reglas de equidad y el claro discernimiento

En la idiosincrasia costarricense, el salto con garrocha tiene un significado muy poco deportivo y mucho de taimado: representa a alguien que obtiene algo pasando por encima de reglas y otras condiciones preestablecidas.

“Los requisitos que pedían para el trabajo me los brinqué con garrocha”, podría decir un arrogante marrullero. Para pegar ese brinco, se recurre a un arsenal de pértigas, palos y todas aquellas cañas que puedan sobrepasar las barras de normas, procedimientos, controles, responsabilidad y exigencia.

Por ejemplo, la obtención del código QR convocó a decenas de improvisados saltadores que con garrochas de falsos certificados intentaron librarse de dos reglamentarios pinchazos.

En días recientes, varios diputados, cuya entredicha condición física los excluye de participar en tan elevada justa deportiva, pretendieron saltar el listón de la sensatez encumbrándose con una interesada y oportunista garrocha: vacaciones en el mes de enero pagadas con todo y dietas y una buena provisión de viandas políticas.

Si la descocada banda de vacacionistas lograba superar el listón, habrían caído con grandísimos gestos de satisfacción en la espaciosa colchoneta de la campaña política; de este modo, habrían ganado dos medallas: la del impúdico salto y una de bronce por colaborar con su candidato.

Afortunadamente, muchos de los corredores parlamentarios hicieron añicos el delgado palo, y el grupo de los vacacionistas, mirando con ira la alta barra de la integridad y la rectitud, quedaron sembrados en la misma raya de salida.

La provisión de pértigas en Cuesta de Moras, sin embargo, debe ser abundante y de un material mucho más flexible que el que usan los esforzados saltadores. Es así como hace unos meses las manos de cuando menos 30 diputados empuñaron la intransigente garrocha municipal y de un portentoso salto excedieron sobradamente la altitud de la regla fiscal que limita los gastos a los gobiernos locales.

En la colchoneta, alcaldes y diputados, reunidos en entrañable abrazo, festejaron el colosal derroche de recursos municipales. Olfateo que, en la asamblea de los 57, la regla fiscal impulsa a varios de sus miembros a buscar en el depósito de garrochas cuanto palo puedan procurarse para brincarse el límite de gastos.

El material de estas pértigas está hecho de una aleación de cómoda complacencia y condescendencia hacia algunas entidades públicas, que si fueran seres orgánicos estarían tendidos en el colchón de los moribundos.

En el mismo recinto legislativo, fue tal el apresuramiento con que la comisión que investigaba la infiltración del narcotráfico en la zona sur partió de la raya de salida que confundió la garrocha de la imparcialidad y sujetó la de la omisión.

Fue así como, sin calentamiento previo y con las piernas entumecidas, la conspicua comisión hubo de bajar la altura ética de la barra para que quienes debieron estar presentes pudieran, de un saltito, evadir la convocatoria que quizá los habría precipitado desde las alturas a un espacio sin colchoneta.

En los meses que restan de la actual legislatura, hago infinitos votos para que en el búnker del Congreso algunos diputados, fatigados de tantos saltos con garrochas incorrectas, se tomen un descanso y miren hacia arriba. Verán que hay listones que no pueden ser sobrepasados, a menos que lo hagan atropellando la regla de equidad y el claro discernimiento.

Es un acto de prudencia que no olviden que en esta competencia el público observa la calidad y capacidad de los atletas y no la maña para derribar listones que deberían permanecer incólumes, si no es causando la desaprobación y la rechifla de los espectadores.

alfesolano@gmail.com

El autor es educador pensionado.