René Jiménez Fallas. Hace 5 días

Allá por los años sesenta, escuché decir por primera vez, a algunos políticos, “estamos jodidos todos ustedes” en referencia a las situaciones socioeconómicas difíciles del país.

La crisis económica actual ha puesto al descubierto nuevas voces para el refrán, quienes hasta podrían reclamar el uso como “derecho adquirido”. A saber, el Poder Judicial, las universidades públicas y otros entes estatales.

Ningún ciudadano bien informado y respetuoso de la democracia sería capaz de estar en contra de la independencia judicial. Nadie pone en duda la capacidad y probidad de la mayoría de los jueces; la ciudadanía, en general, tiene confianza en su trabajo y decisiones. Sin embargo, la resistencia de los altos jueces a cumplir la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas y su argumento de proteger la división de poderes, la independencia judicial, el Estado de derecho, etc., da la impresión, más bien, de ser una defensa de otros intereses ajenos al espíritu de la ley, por lo cual, resulta ofensivo para la inteligencia de la ciudadanía que subestimen nuestra capacidad de razonar, deducir y tener sentido común para comprender el fondo de la resistencia.

La reforma fiscal tampoco viola la autonomía de las universidades públicas ni de otros entes estatales, como han afirmado los grupos de oposición, pues su alcance no modifica de manera alguna sus competencias esenciales: la enseñanza y la investigación en beneficio del país.

Debe ser incómodo y desagradable atreverse a decir con claridad que no le toquen el bolsillo a uno, en especial cuando está abultado por los beneficios que otros no reciben, pero es aún más duro hacerlo cuando esos otros son la enorme mayoría solidaria, que se soca la faja y contribuye con su aporte a nuestra endeble economía.

Avances. Es digno de reconocer el buen trabajo de la Asamblea Legislativa y el Poder Ejecutivo en estos casi dos años, aunque aún está pendiente la ley de empleo público.

Es de esperar que ambos poderes sigan actuando de la misma manera y, así, el refrán con el cual se inicia este artículo no regrese más al ámbito político.

Lo que hace falta ahora es que la Sala Constitucional no se desvíe de su renovado camino y sirva de inspiración para que la Corte Plena pueda desvincularse del significado de tan insensible pensamiento.

El autor es ingeniero.