Guillermo Constenla Umaña. 4 enero

El préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) debió aprobarse, pues era conveniente para Costa Rica.

Naufragó en medio de los jueguitos de chapas de la Asamblea Legislativa y por la falta de capacidad y transparencia del gobierno de Carlos Alvarado.

Lamentablemente, la fracción del Partido Liberación Nacional (PLN) mostró la peor cara del mal quehacer político enraizado en métodos desgastados del pasado e hizo poco por enseñar el rostro del Liberación Nacional que deseamos ver, esto es, el que piensa más en nuestra nación y menos en la matemática electoral.

Estoy seguro de que la mayoría de los costarricenses están ávidos por encontrar en la dirección de los partidos políticos líderes con temple de estadistas, con visión, no con la pequeñez y mezquindad de impulsos oportunistas en la gestión política, seguidos en esta ocasión, desafortundamente, por un gran número de diputados. ¿Dónde queda el interés nacional?

Ciertamente es enervante la poco clara posición del presidente Alvarado y su gabinete, al no definir desde un principio las necesarias acciones del gobierno para efectuar el cambio estructural que nos urge y, de paso, con nitidez, establecer los lineamientos para alcanzar a la mayor brevedad el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que nunca debió postergarse.

El Gobierno no ha demostrado voluntad para sacar avante esta tarea y juega perniciosamente con el tiempo que le queda, sin proponer las soluciones y rehuyendo sus responsabilidades, como lo muestra, entre otros, su desafortunado manejo de la propuesta de ley de empleo público.

Hundimiento. Me he quedado a la espera de verdaderas muestras de austeridad en el manejo de los recursos públicos y de propuestas que ayuden a la reactivación económica. Es lamentable ver cómo este gobierno se hunde en su propia insuficiencia y falta de claridad.

En vista del panorama, también es deplorable la actitud de los partidos de oposición, entre ellos, el mío, con el concurso de algunos de sus líderes, para justificar la no aprobación del último empréstito del BID.

No es de recibo el alegato de Antonio Álvarez para justificar su rechazo, arguyendo que ese dinero es para gasto corriente del Estado.

Él es quien asume la responsabilidad del juego político turbio observado durante las tres votaciones efectuadas. Si el PLN quiere tener autoridad para realizar un control político constructivo, serio y creíble, debe hacerlo con las cartas sobre la mesa, pues está de por medio el país.

La Asamblea Legislativa es soberana y pudo, en la comisión o en el plenario, negociar y corregir el texto del proyecto de ley para dejar claro que el dinero solo se usaría para sustituir deuda cara por otra sensiblemente más barata.

El BID no entra en esas definiciones políticas ni el préstamo tenía condiciones que impidieran tal negociación. Ese estilo ambivalente de hacer política aumenta la desconfianza del pueblo en los dirigentes.

Oportunismo. No son admisibles las afirmaciones de algunos diputados que después de votar en contra del préstamo del BID y dada la reacción de varios sectores de la opinión pública dijeron estar de acuerdo con la obtención del crédito.

Mostraron con ello una suerte de oportunismo para la gradería y un alto nivel de incongruencia. ¿Qué dirán los mercados financieros internacionales atentos a nuestros bonos de deuda externa y las calificadoras de riesgo sobre las muestras de insensatez de varios de nuestros líderes políticos?

Nuestro pueblo habla de aquellos que ni pican la leña ni prestan el hacha. Tristemente, es como actúan los practicantes del viejo estilo viciado de hacer política, en el cual prima la visión ventajista del quehacer político por encima del interés nacional.

El autor es expresidente del PLN.