Julio Calvo Alvarado. 14 enero

A mediados del pasado siglo, la sociedad tomó conciencia del efecto negativo de la devastación de los bosques naturales, y de cómo los científicos la señalan como una de las causas del calentamiento global y del deterioro en la provisión de los servicios ecosistémicos.

Contrario a la creencia generalizada de que el planeta pierde aceleradamente su cobertura boscosa, un estudio publicado en la revista Nature, en agosto del 2018, asegura que de 1982 al 2016 más bien aumentó significativamente en 2,24 millones de kilómetros cuadrados (km2); un incremento del 7,1 %.

Lo anterior se debe a que en algunos países la deforestación disminuyó y la restauración natural se incrementó.

La pérdida más grande se registra en los trópicos, pero es muy superada por la ganancia en cobertura en las regiones subtropicales, templadas y boreales, sobre todo en el hemisferio norte. Asia (15 %), Europa (35 %) y América del Norte (9 %) reportaron los mejores porcentajes.

Más de la mitad de la merma, lamentablemente, se dio en América Latina (-5 %) en tres países, principalmente debido a la expansión agrícola: Brasil (-385.000 km2), Argentina (-113.000 km2) y Paraguay (-79.000 km2).

Lo mismo sucedió en Australia, Myanmar, Vietnam, Camboya, El Congo y ciertas zonas boreales en Canadá, Alaska y Siberia por el aprovechamiento de la madera.

Acciones humanas. La restauración no tiene una explicación sencilla, pero se puede entender por el efecto del desarrollo económico y políticas públicas de largo alcance sobre conservación de la naturaleza en los países de mayor desarrollo.

En estos últimos, se ha incrementado la concentración de la población en zonas urbanas, la agricultura y la ganadería se han industrializado, ha aumentado la producción por unidad de tierra, la economía se ha diversificado y, en consecuencia, creció la exportación de servicios y productos de alto valor.

Las acciones y políticas generaron el abandono de tierras marginales a la regeneración natural o fueron empleadas en menor grado para reforestación comercial.

Lo contrario sucede en los países donde aún la economía está basada en la exportación de productos agrícolas con bajo valor agregado y donde su única forma de mejorar económicamente es mediante la expansión de la frontera agrícola, o en aquellas regiones o países donde la población es mayoritariamente rural, pobre, creciente y su economía casi es para el autoconsumo.

Hito ecológico. En este contexto, cabe resaltar el éxito de nuestro país y, por ello, se posiciona como ejemplo mundial, sobre todo en la franja de naciones tropicales.

Datos recabados demuestran que Costa Rica experimentó, en contraste con el resto de América Latina, un aumento en la cobertura de un 11,9 % durante un periodo de 26 años, de 1986 (40,5 %) al 2012 (52,4 %).

Más impresionantes son los resultados de Guanacaste, donde la voraz deforestación dejó solo un 23,6 % de cobertura forestal en 1986 para después registrar un crecimiento extraordinario del 27,6 % en el 2012 y totalizar una cobertura del 50,7 %.

No quiere decir que la deforestación ha cesado, quedan frentes ilegales por controlar, tampoco significa que los bosques emergentes sustituyen el valor ecológico de los primarios, lamentablemente desaparecidos.

Lo primordial es que el balance neto es positivo y la pérdida está siendo controlada. El país demostró tener una anticipación extraordinaria al promover un mejor uso de los recursos naturales mucho antes de declararse el cambio climático como emergencia mundial.

Me atrevo a vincular los resultados de nuestro país en esta materia con dos visiones tempranas: la promoción desde los años sesenta de la conservación, a través de la creación de una red de áreas de conservación, cambios en leyes, políticas institucionales y la creación de instrumentos de conservación, como el pago de servicios ambientales con fuerte apoyo de ONG nacionales e internacionales; y haber apostado comprometidamente por el desarrollo humano y una economía de productos y servicios diversificada y de alto valor agregado.

Guanacaste ilustra el efecto de esas dos visiones: pasó de ser la provincia por excelencia ganadera y rural a una basada en la diversificación, donde el turismo es un impulsor de la economía. La ganadería y la agricultura se han intensificado y han abandonado lugares marginales para la regeneración natural. La mayor parte de la población vive en centros urbanos donde están las mejores fuentes de empleo.

El buen desempeño de Costa Rica en materia de control de la deforestación y protección de la biodiversidad nos sirve de ejemplo para reconocer los desafíos pendientes: tratamiento de los desechos sólidos y aguas residuales, agricultura más orientada a la ecológica, manejo de nuestras costas y mares, por citar unos cuantos.

El autor es investigador y exrector del Tec.