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El mito de la mano dura ha fracasado en América Latina

Si realmente se desea terminar con la violencia y la criminalidad, se deberían invertir los objetivos y proponer tolerancia cero para los factores que potencian la posibilidad de iniciar carreras criminales

Centro de Confinamiento del Terrorismo en El Salvador, parte del modelo de mano dura de Bukele contra las pandillas.
El populismo punitivista exige penas más altas, pero olvida los condicionantes sociales de la criminalidad.
Centro de Confinamiento del Terrorismo en El Salvador, parte del modelo de mano dura de Bukele contra las pandillas.
El populismo punitivista exige penas más altas, pero olvida los condicionantes sociales de la criminalidad. (La Nación/Argentina)

La inseguridad se convirtió en uno de los temas políticos más relevantes en América Latina. El triunfo en Colombia de Abelardo de la Espriella, un outsider cuya campaña giró alrededor de una agenda de mano dura, evidencia el peso electoral de la inseguridad en contraposición a propuestas más conciliadoras frente a la criminalidad.

Entre las medidas de mano dura o coercitivas más frecuentes está el populismo punitivo; es decir, el endurecimiento de las penas y de la tipificación de los delitos como la principal propuesta para disminuir la criminalidad, ante una demanda de la ciudadanía por más seguridad. Muchas veces, esto obedece a los intereses de actores políticos, de la opinión pública y de los medios de comunicación que presionan para obtener resultados eficaces en el corto plazo.

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