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¿De qué madera están hechos los candidatos a la presidencia?

Sin determinados valores, aunque se posean conocimientos adquiridos en instituciones de prestigio, es imposible resistir el ataque de la corrupción

Se acercan las elecciones, ojalá podamos distinguir a los candidatos de roble, guayacán, nazareno o almendro de aquellos de jabillo, chilamate, poró y anonillo, especialmente si alguna de estas cuatro variedades de madera utilizadas para formaletas no está sana.

El ciudadano consciente debe escoger un presidente de la mejor madera, baluarte de rectitud en estos tiempos de corrupción, que posea conocimiento y capacidad para tomar las impostergables decisiones técnicas que el país requiere para progresar.

Las maderas de árboles como roble, guayacán, caoba, nogal, olmo, almendro, etc., son generalmente duras, resistentes a la deformación, la putrefacción y a los insectos xilófagos sociales, como las termitas.

Cuando se afirma que tal persona es un roble, imaginamos fortaleza, buena salud física y mental, resistencia a enfermedades, espíritu de lucha, longevidad, etc. Además de las características físicas, las cualidades o valores de los humanos están presentes en la metáfora del roble.

Existen otros tipos de maderas, como las semiduras y blandas. Estas últimas son de poca duración, se pudren con facilidad y no resisten las plagas de insectos. Jabillo, chilamate, poró y anonillo son algunos ejemplos de este tipo de maderas suaves, utilizadas para hacer formaletas para construcción. Podría decirse que son de un solo uso.

La escasez de buenas maderas es comprensible, pues estos árboles tardan muchos años en crecer, y conforme aumenta la población mundial se incrementa la tala para satisfacer el consumo, lo cual conduce a la prohibición de la corta.

En la especie humana, es distinto. El crecimiento de la población no parece mantener un equilibrio natural entre las cualidades o atributos deseables en hombres y mujeres; en nuestro escenario político, desde hace cinco décadas, hay escasez de robles; los jabillos, en cambio, abundan.

Una persona puede recibir una excelente formación académica en ciencias, letras, artes, etc.; sin embargo, esa formación no garantiza valores, es decir, cualidades positivas y deseables para una sana convivencia en sociedad.

Argumentar que los valores son responsabilidad del hogar o de la religión no es aceptable; no basta con decir no robar, no mentir… es necesario poseer sólidos argumentos y destreza pedagógica para desarrollar conciencia de buena conducta en niños y adolescentes.

La mayoría de los hogares —independientemente del nivel socioeconómico— carecen de tiempo, conocimientos y habilidades para inculcar de manera apropiada en sus hijos valores como integridad, lealtad, responsabilidad, solidaridad, justicia, abnegación, persistencia o vocación de servicio.

Un mueble construido con madera blanda y sin tratamiento con insecticidas, por más bella apariencia y fino acabado que tenga, no resistirá el inexorable ataque de las termitas, sin importar la dedicación y el esfuerzo del fabricante o artesano al construirlo.

De igual manera, una persona sin valores, por más conocimientos o habilidades duras y blandas adquiridas en instituciones de prestigio, no resistirá el ataque de la plaga de corrupción y otros delitos.

En 1987 fue creada la Comisión Nacional de Rescate de Valores, cada año entrega un premio a una persona que haya contribuido al fortalecimiento de determinados valores. En el 2021 se instauró la Estrategia Nacional de Integridad y Prevención de la Corrupción para definir las áreas sensibles y prioritarias que recibirían un abordaje interinstitucional durante 10 años. Es probable que después tengamos una nueva entidad para controlar a la Comisión y a la Estrategia.

La metáfora de la madera puede ayudarnos a aceptar que no toda la especie humana es igual, puesto que existen variedades fuertes y débiles, pero también hay maneras de atacar las debilidades.

El ser humano descubre por medio de la ciencia lo que está en la naturaleza y lo utiliza, lo transforma para bien o para mal; para curar la madera, se usa la química; para prevenir la corrupción, el instrumento es la educación.

La asignatura de Educación Cívica debe ser rediseñada para dar espacio a los valores éticos o morales citados antes. Expresiones como “hay que ser vivo”, “no ser tonto”, “hay que ser jugado” son antivalores transmitidos a los hijos en muchos hogares, con los cuales se intenta confundir la honradez con la estupidez, la maldad con la inteligencia.

¿Cómo explicar al estudiante desde preescolar hasta el colegio conceptos morales para formar ciudadanos íntegros, justos, solidarios y tener una sociedad menos desigual, no expuesta a la corrupción y la delincuencia?

renejimenezfallas46@gmail.com

El autor es ingeniero.

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