
La reciente noticia sobre una desaceleración en los flujos de inversión extranjera directa (IED) hacia Costa Rica debe asumirse como una llamada de atención, pero también como una oportunidad para revisar con lupa la propuesta de valor país y fortalecer las condiciones de competitividad.
Según cifras publicadas en el sitio oficial del Banco Central de Costa Rica (BCCR), la IED proveniente de Estados Unidos (EE. UU.) cayó 35%; esta información se sustenta al comparar los montos de inversión preliminares del 2024 ($3.982 millones) respecto a los del 2025 ($2.600 millones).
En un entorno global marcado por mayor cautela empresarial y reconfiguración de operaciones globales, ya no basta con haber construido una reputación sólida. Hoy, los países que logran atraer y retener proyectos estratégicos son aquellos que combinan estabilidad, talento, agilidad institucional, infraestructura adecuada y una visión clara de largo plazo.
Costa Rica cuenta con activos muy importantes para competir en ese escenario, ya que su trayectoria con el régimen de zona franca, la estabilidad política, la seguridad jurídica, la calidad y el talento de la fuerza laboral, y su capacidad para albergar operaciones muy sofisticadas siguen siendo fortalezas importantes.
Nuevo entorno
Sin embargo, el contexto ha evolucionado. Las empresas no solo evalúan costos o beneficios puntuales, por lo que ya no alcanzan los tradicionales beneficios fiscales, sino que ahora se consideran aspectos como la resiliencia de los ecosistemas, la disponibilidad de talento especializado, la capacidad de transformación digital y la facilidad para escalar operaciones en el tiempo. En ese nuevo entorno, la competitividad es cada vez más integral y nos demanda la tarea de revaluar nuestra oferta de condiciones.
Esto resulta particularmente relevante para el sector servicios. A nivel global, los modelos de operación han evolucionado con rapidez hacia plataformas más sofisticadas, que incluyen no solo servicios compartidos tradicionales, sino también funciones especializadas en tecnología, analítica, ingeniería, finanzas, cumplimiento, diseño y desarrollo de capacidades globales.
Para Costa Rica, esta realidad representa tanto un desafío como una oportunidad, ya que el país no compite por escala poblacional ni por los costos más bajos del mercado. Compite, más bien, por calidad, especialización, estabilidad y confianza como destino de inversión.
Tres claves
1) Es indispensable acelerar y profundizar en una política nacional de alineación educativa para la competitividad. El fortalecimiento de capacidades en idiomas, habilidades digitales, formación técnica especializada y reconversión laboral será determinante para sostener la atracción de inversión en servicios de mayor valor agregado.
También será importante consolidar esquemas de colaboración más estrechos entre empresas, universidades, centros de formación técnica y sector público para que la oferta de talento responda con mayor agilidad a la demanda de los inversionistas.
2) En este contexto, es necesario fortalecer los incentivos no fiscales como parte de una agenda moderna de atracción de inversión. La experiencia internacional muestra que los países más exitosos no se limitan a ofrecer condiciones tributarias competitivas; también invierten en formación de talento, programas de innovación, infraestructura y herramientas que reduzcan el costo real de instalar y escalar operaciones.
3) Reducir fricciones internas que afectan la percepción y la experiencia del inversionista. La competitividad de un país se construye también en la eficiencia de sus trámites, la calidad de su infraestructura, la conectividad, la disponibilidad de espacios adecuados para operar, el acceso al talento en distintas regiones y la capacidad institucional para acompañar procesos de inversión con rapidez y claridad.
La estabilidad política y la seguridad jurídica son activos esenciales, pero deben complementarse con ejecución ágil y condiciones operativas consistentes; en esta área debemos reconocer que se han hecho esfuerzos importantes que ya se traducen en mejoras en la experiencia del inversionista.
El país se ha beneficiado de una estrategia decidida para atraer funciones de alta sofisticación, por lo que cuenta con credenciales y un importante camino recorrido para continuar consolidándose en ese segmento.
Más que una discusión aislada sobre cifras de corto plazo, Costa Rica necesita una conversación de fondo sobre cómo diseñar una agenda país que responda a la nueva realidad de la inversión internacional. La noticia sobre una desaceleración reciente en términos de inversión no debe leerse únicamente como una pérdida, sino también como una señal de que la competencia se ha intensificado y de que las ventajas construidas en el pasado deben actualizarse para seguir siendo efectivas.
Marianela Masís es directora de Tax & Legal Services de PwC Costa Rica.