
El fondo de inversión inmobiliario no diversificado del Banco de Costa Rica (BCR SAFI) en el cual varios inversionistas colocamos nuestro dinero era uno de los mejores. Mientras otros instrumentos de esta naturaleza se recuperan de los efectos pandémicos, el del BCR va de mal en peor, su rentabilidad actual es un 1,46 % en contraste con el 4,13 % al 30 de setiembre del 2020, según los datos que recibimos los inversionistas.
Tiene un apalancamiento financiero del 40,7 %, de acuerdo con la nota publicada en La Nación el 9 de febrero, frente al 24,1 % de la industria. Confío en que el informe que presenten la Sugeval, las auditoría del BCR y la administradora del fondo y la investigación de la Fiscalía arrojen luz sobre lo sucedido, inclusive si la impericia o algo más pudo ser razón del descalabro.
Es una oportunidad para que la Sugeval nos demuestre que lo sucedido en casos anteriores fue un accidente que nunca se repetirá. Aspiro a que el asunto se resuelva pronto, que sea ejemplo de justicia pronta y cumplida.
El problema se conoció por casualidad, quizás algo que los administradores del fondo perteneciente al BCR nunca previeron que sucedería, cuando se dio la compra del Parque Empresarial del Pacífico (PEP) en Caldera, a una compañía que ya no existe, a un precio extremadamente inflado, con la posibilidad de utilizar —por razones de protección ambiental— solo una fracción de lo comprado y en condiciones deficientes en lo referente a infraestructura. Es mucho como para no despertar suspicacias.
Por otra parte, el BCR SAFI, si tuviera la voluntad de ser transparente, en vista de un hecho como la inadecuada compra del PEP, debió haber convocado una asamblea extraordinaria para explicar los pormenores de la compra y la posterior operación a los inversionistas.
El daño a la industria puede ser enorme. La empresa vendedora del PEP lo tenía en libros en $16 millones. El BCR SAFI pagó $70 millones, y se apalancó con $54 millones de Davivienda. No sé qué análisis de sensibilidad mediaron para hacer la compra.
Según la nota periodística, el fondo debe $178,5 millones, de los cuales $96 millones corresponden a deuda con el propio BCR, lo que me lleva a pensar que el BCR se sirvió del fondo para invertir sus propios recursos, y en el camino perdió el sentido del equilibrio.
El BCR SAFI vendió su mejor activo, el Hospital La Católica, a un precio inferior al valor contable, que en teoría debería recuperarse en pocos años. La fuerte subida de los intereses ya pasó. La Fed aumentará un cuarto de punto mensualmente y no medio, como lo venía haciendo. En otras palabras, la excusa de los intereses está devaluada. Riesgo de desocupación en el Hospital La Católica, no debería haber. La pérdida de este inmueble, el más productivo del fondo, reducirá el apalancamiento en un 4,8 %, un porcentaje reducido. Pienso que la dificultad financiera a la que llevaron al fondo es brutal y perjudica a pequeños y medianos ahorrantes.
El negocio de la bolsa, del cual es parte el fondo, es de plena confianza. El inversionista entrega su dinero a una instancia, en este caso, una subsidiaria del BCR, con la tranquilidad de que sus recursos quedarán a buen recaudo. La confianza está en juego y los responsables deben responder, especialmente, el BCR.
El autor es exviceministro de Planificación.