En menos de un mes, el presidente Rodrigo Chaves Robles, y su gabinete llegarán nuevamente a Cartago para conmemorar la Independencia de Costa Rica con un Consejo de Gobierno especial.
Una vez más, veremos banderas y fotos sonrientes y escucharemos discursos y aplausos “obligados”. Pero detrás de la tarima y el protocolo, queda una pregunta que ningún brumoso puede dejar pasar: ¿qué cuentas reales vienen a rendirnos?
Porque no nos engañemos, Cartago no necesita más promesas ni más visitas turísticas del poder político. Lo que necesita son soluciones urgentes y respeto. Y, a juzgar por los hechos, el respeto se perdió hace mucho tiempo.
Aquí en Cartago se produce más del 80% de las hortalizas que llegan a las mesas del país, como papa, cebolla, lechuga, zanahoria, culantro. Y, sin embargo, el sector agrícola brumoso se está desangrando.
El gobierno ha permitido importaciones masivas de productos que ya producimos en abundancia, hundiendo los precios locales y quebrando a los agricultores.
Mientras el productor cartaginés ve cómo su cosecha se pudre por falta de mercado, el importador y los intermediarios hacen negocio y el Ministro de Agricultura y Ganadería mira para otro lado. Esto no es solo negligencia; es traición a la gente que ha sembrado la tierra durante generaciones.
El nuevo Max Peralta
El Hospital Max Peralta es la prueba viviente de lo que significa ser ciudadano de segunda para el Gobierno Central. Su actual edificio, inaugurado a inicios del siglo XX, ya no soporta la demanda. Atender a más de medio millón de personas con instalaciones obsoletas es inhumano.
El nuevo hospital, prometido hace años, fue entregado a una empresa mexicana que abandonó el contrato; se perdió tiempo, así como recursos y credibilidad, y apenas este año la CCSS volvió a adjudicar el proyecto, con un plazo de casi cinco años para su construcción.
Cinco años más de seguir esperando atención en pasillos llenos, de seguir enviando pacientes a otras provincias, de seguir poniendo parches donde se requiere cirugía mayor.
Obra vial
Presentados como la solución definitiva al caos vial de la entrada a Cartago, los intercambios de Taras y la Lima llevan años de atraso y son hoy un símbolo de chapucería. Lanamme detectó concreto de menor resistencia a la pactada en elementos estructurales esenciales. Dicho en palabras simples: nos entregaron una obra más débil de lo que pagamos. Y no se aplicaron medidas correctivas.
A esto se suma la mala colocación de barreras, desniveles peligrosos, señalización insuficiente y falta de iluminación. Todo esto en una carretera de altísimo tránsito y vital para el transporte de productos agrícolas, turismo y conexión nacional.
La ruta 230 une Oreamuno, Alvarado y Turrialba, y es clave para el transporte agrícola y el turismo; además, es la vía de evacuación en caso de erupción del volcán Turrialba. Sin embargo, su estado es deplorable; no se trata solo de asfalto: esta ruta es una línea de vida. Y la negligencia gubernamental la ha puesto en terapia intensiva.
En Paraíso y en la ciudad de Cartago, el agua estuvo a punto de convertirse en un arma de chantaje político. El AyA amenazó con cortar el suministro por deudas acumuladas, con aparente respaldo del gobierno. Fue necesaria la presión del diputado Antonio Ortega, para que se aprobara la condonación de ¢19.652 millones. Una derrota que las autoridades de gobierno debieron aceptar.
No obstante, seguimos con el abandono del proyecto Orosi II, que garantizaría abastecimiento para las próximas décadas.
Transporte público
El deterioro del servicio de autobuses es evidente, y la expansión del tren hacia Paraíso, que se ha anunciado durante años, sigue empantanada. El transporte público en Cartago no avanza; retrocede. Y con él, retrocede la calidad de vida de miles de personas.
Cartago no es un accesorio de las fiestas patrias ni un fondo decorativo para fotos oficiales. Es una provincia con historia, con orgullo y con necesidades urgentes. Hoy, la palabra que mejor nos define no es “orgullosos” ni “agradecidos”. Es “traicionados”.
Traicionados por un gobierno que no ejecuta; abandonados en nuestras carreteras, hospitales, cultivos y servicios básicos; descuidados en cada presupuesto, en cada decisión, en cada visita presidencial que llega tarde y se va rápido.
Este 14 de setiembre, cuando la banda toque y las cámaras graben, los brumosos debemos recordar algo: no basta con ondear la bandera, hay que exigir, con voz firme y sin miedo, que Cartago deje de ser la provincia que el gobierno recuerda solo cuando necesita un escenario para su propaganda.
fabian.marrerosoto@gmail.com
Fabián Marrero Soto es publicista. Fue asesor de Presidencia (2018-2022), actualmente es comunicador social de la Universidad Estatal a Distancia (UNED).