
El editorial del 10 de diciembre indicó que el 2022 fue el año de menor inversión en infraestructura en los últimas tres décadas y, citando datos del Programa Estado de la Nación, señaló que los recursos destinados a obras se redujeron de un 5,1 % del producto interno bruto (PIB) en el 2009 al 2,6 % en el 2021.
De conformidad con el Plan Nacional de Desarrollo 2011-2035, la red vial se compone de 44.316 kilómetros, 7.821 nacionales y 36.495 cantonales. Es una red muy extensa si la comparamos con el área total de Costa Rica y número de habitantes por kilómetros cuadrados. Fue construida en las décadas de los sesenta y ochenta, con un gran esfuerzo y era considerada la segunda mayor, en proporción, en América Latina.
Las rutas requieren inversión en mantenimiento, drenajes, pavimentos, puentes y adecuada señalización, principalmente, porque Costa Rica es un país de enorme atractivo turístico. Pero además no debemos dejar de lado que se necesita invertir en nuevas vías, pasar de pavimentos de lastre a carreteras de concreto o asfalto, lo que llamamos mejoramientos viales, y, sobre todo, la ampliación de carriles para mantener el apropiado funcionamiento y, por ende, un menor costo de operación de las carreteras.
Para todo ello, el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) necesita planificar el uso de recursos a corto, mediano y largo plazo, así como una estructura profesional interna que permita que los planes de desarrollo se ejecuten según las necesidades económicas y sociales de conformidad con los porcentajes del PIB que hagan falta.
Es necesario cambiar las estructuras jerárquicas decisoras del MOPT por modernas gerencias en recursos de inversión vial, a la par de la empresa privada, en diseño, planificación, licitación, ejecución, supervisión y operación de la red. El sistema antiguo de administración llegó a su final.
Para esto, es indispensable recuperar los presupuestos o volver por lo menos a los rangos de inversión establecidos en los planes de desarrollo, de un mínimo del 5 % del PIB, pues no es gasto, sino dedicar recursos al crecimiento económico.
Una nueva estructura de administración requiere activos, pavimentos, puentes, así como una visión futura constante. Esta premisa deben entenderla los costarricenses y los poderes de la República, si se quiere dotar al país de las condiciones viales idóneas para el desarrollo. De lo contrario, será seguir repartiendo miseria y recogiendo lo mismo.
La inversión en las vías requiere planificación de la inversión pública y privada, conjugando recursos particulares, fondos locales, externos y municipales y donaciones, en las rutas más urgidas de ampliaciones, mantenimiento y señalización, que reduzcan fuertemente los costos de operación.
No hacen falta grandes desembolsos, pero sí pequeños pagos en estudios que nos dirijan, eventualmente, hacia las adecuadas inversiones, tarea sustantiva del MOPT.
Para las necesidades sociales menores, que son muchas, el MOPT puede, con recursos propios, realizar los mantenimientos que efectivamente no son rentables en lo económico, pero sí socialmente.
Si queremos desarrollo económico, debemos invertir en vías según los planes de desarrollo, modernizar la estructura organizativa del MOPT para que responda técnica y profesionalmente, para que la planificación, el diseño, el financiamiento, la ejecución del mantenimiento y la operación de la red vial estén garantizados. Faltan, asimismo, mejoras legales que destraben el actuar del MOPT.
Hay que dar un nuevo rumbo a la institución para que cumpla con los objetivos para los que fue creada, con confianza y técnicas modernas.
El autor es presidente de la Asociación de Carreteras y Caminos de Costa Rica.