Editorial

Editorial: Venezuela ha vuelto a negociar, pero hay razones para la cautela

La apertura de negociaciones entre el régimen y una parte de la oposición es un paso positivo pero imperfecto. Solo mediante un rápido avance hacia la democracia será posible la recuperación plena del país

Representante de la oposición venezolana, Dinorah Figuera, lee un comunicado junto al presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez (der.), después de una reunión en Caracas, el 12 de agosto de 2026.
Representante de la oposición venezolana, Dinorah Figuera, lee un comunicado junto al presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez (der.), después de una reunión en Caracas, el 12 de agosto de 2026. JUAN BARRETO
Representante de la oposición venezolana, Dinorah Figuera, lee un comunicado junto al presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez (der.), después de una reunión en Caracas, el 12 de agosto de 2026.
Foto del 12 de agosto: Dinorah Figuera, representante de la oposición venezolana en las negociaciones con el gobierno para abrir un proceso de diálogo político impulsado por Estados Unidos. A su lado, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez. (JUAN BARRETO/AFP)

El pasado jueves 6 de agosto, representantes de la dictadura y de una parte de la oposición de Venezuela abrieron un proceso de diálogo político, impulsado por el gobierno de Estados Unidos. Su primera ronda concluyó el día 12. Hay que darle la bienvenida y desearle buena suerte. Solo mediante negociaciones será posible llegar pacíficamente al destino por el que clama –y merece– la inmensa mayoría de los ciudadanos: el restablecimiento de la democracia plena y la vigencia de los derechos humanos conculcados.

Sin embargo, existen poderosas razones para abordar el proceso con cautela sobre la rapidez de su avance y la calidad de sus resultados.

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