Editorial

Editorial: Referendo para suplantar al Congreso

Como mecanismo ultrademocrático, el referendo engarza con la antipolítica de nuestros días y se ofrece como remedio para la ‘ingobernabilidad’

Conteo manual de papeletas del referendo del 2007 para decidir la firma del TLC con EE. UU. Fotografía: Alexánder Otárola.
Conteo manual de papeletas del referendo del 2007 para decidir la firma del TLC con EE. UU. Fotografía: Alexánder Otárola.

Criticar el referendo como medio para tomar decisiones en una sociedad democrática es exponerse a acusaciones de elitismo e irrespeto al soberano, pero la institución es blanco de cuestionamientos en medios de insospechables credenciales democráticas y recibe elogios en otros, menos prestigiosos.

Pasado el referendo del brexit, cuyo estrecho resultado precipitó al Reino Unido por un camino lamentado en la actualidad por la mayoría, el presidente francés Emmanuel Macron comentó que los problemas nacionales más difíciles no pueden ser resueltos con un simple sí o no. Sin embargo, el autoritario Viktor Orbán exalta las virtudes de la “democracia directa” en Hungría como lo hizo el chavismo en Venezuela.

Como mecanismo ultrademocrático, el referendo engarza con la antipolítica de nuestros días y se ofrece como remedio para la “ingobernabilidad”. Por su medio, el populismo propone alcanzar la “ejecutividad” y la “eficiencia” supuestamente impedidas por los mecanismos habituales de la institucionalidad, especialmente la republicana.

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