Editorial

Editorial: Petróleo a cambio de democracia: el peligroso pacto de Venezuela

El pacto petrolero anunciado hace pocos días entre los gobiernos de Estados Unidos y Venezuela genera enormes inquietudes. El régimen de Delcy Rodríguez carece de legitimidad para disponer de los recursos naturales venezolanos, que pertenecen a todos los ciudadanos

Estados Unidos alivió las sanciones a la industria petrolera de Venezuela después de que los legisladores venezolanos aprobaran reformas que allanaron el camino para el regreso de las empresas estadounidenses, un objetivo clave de la intervención del presidente Donald Trump en el país.
Estados Unidos alivió las sanciones a la industria petrolera de Venezuela después de que los legisladores venezolanos aprobaran reformas que allanaron el camino para el regreso de las empresas estadounidenses, un objetivo clave de la intervención del presidente Donald Trump en el país. MARYORIN MENDEZ
Estados Unidos alivió las sanciones a la industria petrolera de Venezuela después de que los legisladores venezolanos aprobaran reformas que allanaron el camino para el regreso de las empresas estadounidenses, un objetivo clave de la intervención del presidente Donald Trump en el país.
El acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela puede convertirse en un obstáculo para las elecciones en ese país y consolidar el poder de una cúpula sin legitimidad democrática. (MARYORIN MENDEZ/AFP)

Los gobiernos de Estados Unidos y Venezuela anunciaron hace pocos días un acuerdo petrolero que genera enormes inquietudes. No nos referimos únicamente a sus términos y los actores involucrados. Lo peor es que, casi con certeza, se convertirá en un serio obstáculo para el precario avance de ese país hacia la democracia por la que claman –y merecen– los venezolanos.

Existen ligeras diferencias entre cómo lo han presentado ambas partes. En esencia, sin embargo, se trata de concesionar a una empresa privada estadounidense, mediante un contrato de largo plazo, 14 campos petrolíferos que serían explotados junto a los tres de que ya dispone. En conjunto, guardan 65.000 millones de barriles de petróleo, alrededor de la quinta parte de las reservas nacionales, estimadas como las mayores del mundo. La compañía concesionaria tendrá una participación del 65% en el negocio; el Departamento de Defensa estadounidense controlará el 35%.

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