Tanto el gobierno como la oposición concuerdan en la gravedad de la minería ilegal en general, y en que su práctica en Crucitas ha degenerado en una severa crisis ambiental, social y de seguridad. Por esto, deben construir conjuntamente una solución integra para beneficio de las comunidades directamente afectadas y del país.
La gran interrogante es qué hacer y cómo. Cualquier solución pasa por múltiples vías. El Ejecutivo debe asumir plenamente, y sin reparto de culpas, sus responsabilidades en seguridad, salud, intervención social y tutela ambiental, algo en lo que este y otros gobiernos han sido omisos. Pero la integralidad del abordaje requiere una ley que enmarque adecuadamente esos elementos y marque un camino hacia el futuro, a partir de una definición clave: el tipo de explotación del recurso que debería promoverse. Para esto, son necesarios acuerdos en la Asamblea Legislativa.
El oficialismo cuenta con 31 votos que, a la postre, le permitirían aprobar un proyecto de ley a su medida. Sin embargo, debe considerar dos factores. El primero, de índole práctica, es que las fracciones opositoras pueden frenar el proceso por varios meses, mediante la presentación de centenares de mociones al texto actual. Así ha ocurrido.
El segundo aspecto, con más ramificaciones de fondo, es que la propuesta del gobierno está muy lejos de satisfacer no solo a las demás bancadas, sino también a importantes sectores de la población. Imponer la versión unilateral de un proyecto de tanta importancia sobre un tema de tal complejidad, simplemente porque –como dice una conocida frase– “pa’eso tenemos mayoría”, conducirá a que nazca anémico, sin adecuado apoyo social y, por ende, con grandes dificultades para avanzar en las soluciones necesarias.
Por esto, una semana después de la sonada (literalmente) gira realizada a la zona por la presidenta Laura Fernández y una nutrida comitiva, por fin el oficialismo accedió a instalar una “mesa técnica” de negociación legislativa con la oposición. Son varias las objeciones al contenido del proyecto gubernamental, y algunas, muy profundas. Además, existen diferencias entre las fracciones. Pero precisamente por esto es necesario buscar vías de acuerdo sobre aspectos medulares y, entonces, proceder a votar. Aquí, por supuesto, la mayoría decidirá y asumirá las consecuencias de su acto.
En el marco del acuerdo alcanzado con el jefe del oficialismo, el diputado Nogui Acosta, surgió el compromiso de retirar parte de las mociones de fondo para permitir que el proyecto avance. Todo parecía bien encaminado hasta que, cuando apenas comenzaba a avanzarse en lo convenido, Acosta acusó a las fracciones en plenario de haber violado el acuerdo. Su argumento: que no había recibido ninguna propuesta sobre el retiro de mociones. Sin embargo, los voceros opositores le recordaron que las habían enviado a su jefa de asesores.
Tal como informamos el sábado, la realidad es que el Frente Amplio ya retiró siete de 366 mociones presentadas; el PLN, 32 de un grupo de 184; Claudia Dobles, de la Coalición Agenda Ciudadana, 15 de 63, mientras Abril Gordienko, del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), solo presentó cuatro mociones, las que mantiene.
Es decir, sí se han producido avances en un proceso que difícilmente será corto y que demandará prudencia de las partes. El jueves 2 de este mes, aunque sin reconocer públicamente su error, Acosta prometió que revisaría las mociones de fondo que más le interesan a la oposición, para responder sobre ellas luego de las vacaciones legislativas, que comenzaron el viernes.
Ese mismo día, sin embargo, el ministro Rodrigo Chaves echó nuevo fuego a la hoguera que estaba a punto de apagarse. Durante el acto de firma de la ley que abre el camino para la construcción de una marina en Limón, omitió reconocer que su aprobación fue posible, precisamente, gracias a los aportes opositores. Y eso no fue todo. De inmediato, la emprendió con insultos en su contra. Sin duda, el tema era otro, pero el daño a la creación del margen de confianza necesario para avanzar sobre Crucitas fue, nuevamente, saboteado.
Esperamos que, en el periodo de receso, los ánimos se calmen, el gobierno y su fracción reconozcan que a golpe del tambor de sus 31 votos no podrán imponerse, y la oposición haga a un lado cualquier actitud dogmática de su parte. Solo así se podrá avanzar en la búsqueda de la muy postergada solución a las crisis simultáneas de Crucitas.
