Editorial

Editorial: Nicaragua ya no finge: Ortega y Murillo entierran las elecciones

La reforma constitucional que elimina la competencia electoral, consolida lo que ya sucede en la práctica. Los Ortega-Murillo ya ni siquiera pretenden guardar las formas; su explícita determinación es el control absoluto

Daniel Ortega y Rosario Murillo en 2023 ilustran la propuesta de reforma constitucional que instaura una copresidencia en Nicaragua.
La dictadura Ortega-Murillo eliminó las últimas formas de competencia política, prolongó el periodo presidencial y reforzó el control familiar sobre Nicaragua. JAIRO CAJINA
Daniel Ortega y Rosario Murillo en 2023 ilustran la propuesta de reforma constitucional que instaura una copresidencia en Nicaragua.
La dictadura Ortega-Murillo eliminó las últimas formas de competencia política, prolongó el periodo presidencial y reforzó el control familiar sobre Nicaragua. (JAIRO CAJINA/AFP)

El pasado 19 de julio, en un acto público para celebrar 47 años de la caída del dictador Anastasio Somoza Debayle, Daniel Ortega –quien lo ha superado con creces– anunció explícitamente lo que ha venido practicando por años: el fin de las elecciones en Nicaragua. El martes 1.° de este mes, una reforma aprobada unánimemente por la sumisa Asamblea Nacional incorporó esa medida a la Constitución. Así, la dictadura se quitó una nueva máscara. Confiamos en que sea la última.

“Aquí no volverán (sic) a haber elecciones”, dijo tres veces durante su fastidioso discurso de julio, aplaudido con anémica disciplina por un auditorio cautivo. Su perversa “lógica” es que los partidos “traidores”, “terroristas” o marionetas de los “yanquis” –es decir, cualquier agrupación opositora– ni siquiera pueden competir por poder.

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌