Columnistas

Subsidio al diésel: un triste paso atrás

Manipular los precios envía señales incorrectas a productores y consumidores, y los conduce a tomar decisiones erradas

La responsabilidad ética principal de un economista es velar por la correcta asignación de recursos —siempre escasos— en comparación con las necesidades humanas. De la eficiencia lograda en el uso de esos recursos depende el mayor bienestar y crecimiento de la producción.

La correcta asignación de recursos se pierde cuando se distorsionan los precios relativos, en contra de las señales del mercado y de la racionalidad económica.

Manipular los precios envía señales incorrectas a productores y consumidores, y los conduce a tomar decisiones erradas. Los resultados son siempre muy dañinos. Se termina produciendo o consumiendo cantidades y tipos de bienes en proporciones equivocadas, con desperdicio de recursos.

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌