Columnistas

Sombrero del ahogado

Cuatro notas que podrían ir al pie de una noticia sobre el virtual fracaso del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático

Cuatro notas que podrían ir al pie de una noticia sobre el virtual fracaso del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático.

Como apuntaba Jorge Wagensberg, hace millones de años, y a consecuencia de la más letal contaminación global de la que se tiene evidencia, se produjo «un holocausto bacteriano colosal» porque, estando en esa época la tierra cundida de microorganismos, y siendo el oxígeno un veneno para estos, la concentración atmosférica de ese gas comenzó a aumentar desde el 0,0001 % hasta alcanzar el 21 % actual.

En una novela de Lewis Carroll, de 1889, los granjeros de Inglaterra objetan una propuesta de los cartógrafos de elaborar un mapa en escala 1:1, es decir, de tamaño idéntico al del país, pues sostienen que el descabellado proyecto acabaría arruinando las cosechas al privarlas de la luz del sol. Es fácil imaginar a los consejeros del rey lamentando no disponer de un recurso que les habría permitido un mejor registro de las parcelas agrícolas y un cobro más eficiente de los impuestos.

Hace pocos años, un estudio experto concluía en que, a razón de producir de manera no contaminante la energía eléctrica necesaria para sustituir todo el consumo de combustibles fósiles de Costa Rica, el área que debería cubrirse con paneles fotovoltaicos debería ser algo mayor que la provincia de Cartago. Si agregamos a eso los datos de estudios realizados en países de Europa sobre los impactos negativos de las llamadas «mortajas de silicio» —reducción del albedo entre otros—, no debe sorprendernos que algún vendedor de falsas ilusiones les contara a sus posibles clientes un bulo aritmético que reducía, por arte de birlibirloque, esa área a cerca de la décima parte.

En un artículo publicado hace pocos días, el primer ministro de Bélgica, además de anunciar demagógicamente el seguro fin de la pandemia de la covid-19, se deslizó sobre una frágil lámina de beatitudes en torno al cambio climático y predijo la bonanza paradisíaca que disfrutaremos tan pronto como todos los habitantes del planeta nos comportemos como ángeles. Que un brillante político europeo reparta paraguas de papel en medio de una tormenta de granizo es prueba de que no solo a «The Banana Republics» de este lado del Atlántico les están proponiendo unas hojas de ruta delirantes.

duranayanegui@gmail.com

El autor es químico.