Columnistas

Ruta nublada para la libre expresión

No exagero al señalar los riesgos para la convivencia democrática. Los ciudadanos y nuestras instituciones debemos estar alertas

Una democracia sin tensiones entre la prensa y el poder revela un cuerpo sociopolítico anémico: de esa dialéctica emanan mejoras sistémicas y controles informales sobre el ejercicio público. Una democracia en la que quienes detentan o aspiran al poder se empeñan en atacar y estigmatizar a la prensa, o en satanizar y humillar periodistas, puede hundirse en la crispación, el odio, la intolerancia y el temor. A más estridente, arrogante o falso el discurso, peor.

Cuando desde del extremo retórico, usando los poderes administrativos del Estado como instrumento, se pasa a acciones ilegítimas para tratar de amedrentar o ahogar económicamente a medios independientes, el peligro para la democracia es tangible: no solo cercena materialmente el ejercicio de la libertad de expresión, sino también la seguridad jurídica y el Estado de derecho en general. Desde aquí puede abrirse el camino hacia la arbitrariedad y la confrontación.

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