Fernando Durán Ayanegui. 16 junio

En milenios de observación de la naturaleza, la humanidad ha ido descubriendo unas leyes físicas que, si bien no han sido aprobadas en un recinto parlamentario, están en constante revisión gracias a los avances del conocimiento científico. Sin embargo, cuando nos recuerdan que alguna vez se publicó en la prensa una nota sobre la maravillosa máquina doméstica que convierte hasta la mantequilla de maní en petróleo, caemos en la cuenta de que no todo se vale y, aunque la imaginación debe ser libre, hay límites después de los cuales se entra en el ámbito de lo absurdo.

Ante la propuesta de usar masivamente hidrógeno como fuente de energía, conviene tomar en cuenta que ese gas tiene que ser fabricado

En la actualidad, circula una amplia literatura sobre la llamada transición energética, en la que se cita, con explicable frecuencia, el concepto de “tasa de retorno energético” (TRE), en español, o de “energy returned on investment” (EROI), en inglés.

No es indispensable que quienes no lo han oído mencionar y nos leen hoy, sean duchos en física y matemáticas para que puedan entender de qué se trata: la TRE se calcula dividiendo la cantidad de energía total que se extrae de una fuente entre la cantidad de energía que fue necesario invertir para extraerla y ponerla a disposición de quienes la consumen. En cierto momento, a principios del siglo XX, en Texas abundaba tanto el petróleo, y este era de tan fácil extracción, que, para entregar a los consumidores la energía equivalente a 99 barriles solo había que invertir la energía de uno. Así, el valor de la TRE era 100 y por eso la gasolina y demás derivados del petróleo eran relativamente baratos. Si en otro caso la TRE es de 2, quiere decir que la mitad de la energía extraída se gasta en procesarla. Y, ¡atención!, cuando la TRE es inferior a la unidad –digamos 0,5– significa que al final se obtiene menos energía que la invertida en el proceso: “Un mal negocio”.

Ante la propuesta de usar masivamente hidrógeno como fuente de energía, conviene tomar en cuenta que ese gas tiene que ser fabricado, pues no se encuentra en estado libre en nuestro planeta; y para fabricarlo por cualquiera de los métodos posibles debe invertirse bastante más energía que la que se va a obtener a partir de él. En el mejor de los casos, la TRE será, con costos, igual a 0,3 y esto significa que, para obtener 3, se gastarían 10. Ignorar las leyes físicas no sería una buena consigna.

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