José Ricardo Chaves. 24 agosto

El Museo de Memoria y Tolerancia de Ciudad de México organizó una exposición para conmemorar el 150 aniversario del nacimiento del admirado líder de la India Mahatma Gandhi. De este modo, el público se dio una idea de su trayectoria vital y política, su defensa de los métodos no violentos en la lucha política y la necesidad del diálogo interreligioso para el avance social, lo cual es válido, sobre todo, para una sociedad en que las dos religiones principales, la hinduista y la islámica, conviven a duras penas. También el museo presentó la herencia pacifista en figuras posteriores, como Martin Luther King, Desmond Tutu y el actual dalái lama .

Aunque se acostumbre ver a Gandhi como una suerte de santo moderno, en su propia tierra hay una perspectiva más matizada sobre él, en la que, si bien se le reconoce su gran papel en la independencia de India ante Inglaterra, también se le endilga haber contribuido a su partición con Pakistán. Cuando se visita India, no es tan santo como cuando es visto desde fuera. Constituye una figura política carismática, que hoy parece ubicada en la retaguardia, alejada de las tendencias políticas actuales, aunque los políticos sigan utilizando su imagen para explotar la nostalgia por él.

Aunque al volver a India comenzó cierto distanciamiento, se debió al rumbo dado por Besant al movimiento; además, estaba más involucrado con las doctrinas hinduistas que los teósofos de Londres le habían enseñado a valorar.

La huella de Gandhi no se encuentra tanto en la política práctica actual, a pesar de que sus imágenes aparezcan por muchos lados, sino en otros ámbitos, como en los grupos que defienden la vida tradicional de los pueblos, los ambientalistas o los promotores de la armonía interreligiosa. Todos estos rasgos son muy importantes para la sobrevivencia de la India a mediano y a largo plazo. En el aspecto religioso, la memoria histórica resulta parcial, conformada de acuerdo con intereses y prejuicios. Por ejemplo, en la exposición mencionada, parece que Gandhi fue siempre un fervoroso hinduista, con una mente amplia para dialogar con musulmanes y cristianos, quién sabe por qué causa.

Teosofía. Sin embargo, la razón es muy sencilla, aunque la historia oficial no la tome en cuenta por prejuicio secular, y radica en la temprana relación de Gandhi con la teosofía, esa corriente esotérica de finales de siglo XIX en adelante, de gran influencia en tantos lugares (incluida Costa Rica), y con la cual entró en contacto durante sus años en Inglaterra. Si bien provenía de una familia hindú, al igual que otros indios con educación occidental, no se sentía vinculado con su religión. Fue en Londres, por su contacto con los teosófos, cuando comenzó a cambiar su valoración religiosa, asombrado de que los europeos supieran más que él al respecto, tal como lo indica en su autobiografía: “Hacia el final de mi segundo año en Inglaterra entré en contacto con dos teósofos, hermanos y solteros. Me hablaron sobre el [Bhagavad] Gita. Ellos estaban leyendo la traducción de Sir Edwin Arnold, El Canto Celestial, y me invitaron a leer el original con ellos. Me sentí avergonzado, pues yo no había leído el divino poema ni en sánscrito ni en gujarati. […] Comencé a leer el Gita con ellos… el libro me pareció de un valor incalculable”.

Así inició la larga y fructífera relación de Gandhi con la teosofía. Los dos teósofos de los que habla, los Keightley, en realidad no eran hermanos, sino más bien tío y sobrino, aunque de parecida edad, colaboradores cercanos de la fundadora de la Sociedad Teosófica, Helena Blavatsky, a quien después lo presentarán en la sede de Londres. También conoció a Annie Besant, de gran carisma político en ese momento por su participación previa en el socialismo fabiano y en el feminismo.

De las dos, Gandhi prefirió a Blavatsky. De ella leyó La clave de la teosofía, del que dijo: “Este libro estimuló en mí el deseo de leer libros sobre hinduismo, y me quitó la noción fomentada por los misioneros [cristianos] de que el hinduismo estaba lleno de superstición”. Después, siguió con La doctrina secreta. El efecto sobre Gandhi no fue algo aislado: muchos hindúes y budistas retomaron con orgullo sus defenestradas tradiciones religiosas gracias a la influencia teosófica, que subrayaba su valor intrínseco, comparable al de otras religiones, y a veces mayor. La tolerancia y el ecumenismo religiosos, valores y actitudes que en la actualidad nos parecen normales, eran algo insólito y mal visto en aquellos tiempos, y fue una de las vías de acción de los teósofos, quienes retomaron la noción renacentista de una tradición espiritual antiquísima, el “rizoma perenne” de Jung, de la cual derivarían las diversas religiones históricas.

Preferencia por Blavatsky. Tiempo después de la muerte de Blavatsky, Besant tomó el control de la Sociedad Teosófica. Se desplazó a la India, donde, junto con otros teósofos, apoyó los movimientos en pro de la autonomía de ese país, aunque con perspectivas distintas a las de Gandhi.

Lo anterior explica la distancia entre ambos, no solo en sentido figurado, sino incluso físico: en una foto tomada en la sede mundial teosófica de Adyar, India, con motivo de la visita de Gandhi en 1915, se le ve a él y a su esposa al centro y, a un lado, con varias personas de por medio, a una distante Annie Besant.

Existía entre ellos afinidad, pero no sintonía. No solo había diferencias políticas, sino también filosóficas, pues Gandhi no estuvo de acuerdo con los cambios introducidos por Besant y su consejero Charles Webster Leadbeater en la Sociedad Teosófica, en especial el culto mesiánico del joven Krishnamurti. Gandhi mantuvo su gusto por Blavatsky y afirmó rotundamente: “Teosofía es la enseñanza de Madame Blavatsky. Teosofía es la fraternidad del hombre”.

También dijo: “No creo que la señora Besant sea hipócrita; es crédula y está engañada por Leadbeater”. Todavía mucha gente sigue creyendo equivocadamente que esas derivaciones posteriores de Besant, Leadbeater y Krishnamurti se vinculan con lo enseñado originalmente por Blavatsky.

Después de Londres. En sus años sudafricanos, Gandhi continuó con actividades teosóficas. Aunque al volver a India comenzó cierto distanciamiento, se debió al rumbo dado por Besant al movimiento; además, estaba más involucrado con las doctrinas hinduistas que los teósofos de Londres le habían enseñado a valorar.

En 1926, Max Wardall le preguntó en una entrevista si aún era teósofo; Gandhi respondió: “Todavía soy teósofo, pero no estoy en simpatía con el movimiento. No estoy a favor de favorecer el secreto. He abogado constantemente por levantar las barreras entre las personas de todas las clases”.

Desde su hinduismo, Gandhi siguió subrayando la unidad religiosa propuesta por la teosofía: “El alma de las religiones es una, pero está encerrada en una multitud de formas. Los sabios ignorarán la corteza exterior y verán la misma alma viviendo bajo una variedad de costras. Debajo de esa diversidad hay una unidad que es inconfundible y debajo de muchas religiones también hay una sola religión".

El autor es escritor.