Columnistas

Página quince: El festín de los taxis

Una nueva ley no debe tener como propósito perpetuar un oligopolio, sino nivelar la competencia entre los taxis tradicionales, los porteadores, los basados en aplicaciones y otros por venir.

Guiselly Mora
Guiselly Mora

Los nueve diputados de la Comisión de Asuntos Económicos y el presidente, Carlos Alvarado, preparan un proyecto de ley para salvaguardar la herencia del bipartidismo mediante la imposición de un bozal a Uber, utilizando el bienestar del usuario como máscara del carnaval iniciado décadas atrás.

Protegidos por el Estado, los taxistas no han tenido necesidad de esforzarse mucho, ni siquiera han estado obligados a sonreír. En sus días dorados, recogían a quienes querían y no debían preocuparse por las ganancias porque el gobierno se las tenía aseguradas: una tarifa para el primer kilómetro, otra para los siguientes y una adicional por la espera. Incluso, un día despertaron convertidos en la “fuerza roja”.

Mientras ellos mutaban y se solazaban bajo la sombrilla del proteccionismo, los clientes insatisfechos se fueron acumulando, pues el Consejo de Transporte Público ha sido un cero a la izquierda.

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