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Página quince: El diploma no hace al diputado

No debemos confundir democracia con aristocracia o tecnocracia, a la Asamblea deben llegar los mejores, pero ¿quiénes son esos mejores? Este artículo contesta la pregunta.

Abogada, activista cívica
Abogada, activista cívica

Cuando hablamos del proyecto de reforma del sistema electoral de la Asamblea Legislativa, propuesto por Poder Ciudadano ¡Ya!, una de las preguntas más frecuentes es: ¿Se puede pedir como requisito para ser diputado tener un título universitario?

La pregunta revela algo fundamental: la aspiración del pueblo de sentirse mejor representado. Ante el descrédito de la clase política —descrédito merecido por ineptitud, incumplimiento y corrupción de algunos, el derivado de ataques justificados e injustificados de los medios y la amplificación por el hambre de circo en redes sociales—, una buena parte del pueblo piensa que los diplomas garantizarán la calidad de los representantes. Eso es confundir democracia con aristocracia o con tecnocracia.

A pesar de sus imperfecciones, uno de los grandes logros de la democracia, en contraposición a sistemas anteriores, fue convertir al pueblo en el soberano, que delega el poder a través de un contrato social de confianza. Por medio del parlamento, la gente común adquirió la facultad de supervisar y de limitar el poder a “sabios”, líderes religiosos, monarcas y, finalmente, a presidentes y primeros ministros.

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