Columnistas

Optimización del ICE

En vez de reducir los recursos humanos ociosos, intenta encontrar actividades donde ocuparlos

El Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) renunció, en buena hora, a la construcción de la enorme planta hidroeléctrica El Diquís, sobre el río Grande de Térraba. El proyecto fue polémico desde el inicio por sus efectos ambientales y la inundación de territorios indígenas, pero, a fin de cuentas, su suerte la decidió la caída del consumo de energía, la suficiencia de la capacidad instalada y la necesidad de apuntalar las finanzas de la institución.

La decisión fue buena por todos esos motivos, y frenó la tendencia a desarrollar obras para justificar la existencia de los recursos empleados en ellas. En consecuencia, el ICE ha venido celebrando remates de propiedades, vehículos, maquinaria y equipos. Uno de los más grandes y recientes ofrece maquinaria pesada valorada en ¢9.025 millones.

Hasta el año pasado, los equipos servían para construir plantas eléctricas, pero quedaron ociosos, algunos desde hace tiempo. El remate es parte del Plan de Optimización de la Flota de Maquinaria y Equipos Especiales, uno de varios programas diseñados para estabilizar las finanzas, bajar el endeudamiento y fijar la vista en otros negocios.

Con los mismos objetivos, la institución podría lanzar un plan de optimización del personal contratado. En ese campo, el ICE ha tomado, en administraciones recientes, la ruta opuesta. En vez de reducir los recursos humanos ociosos, intenta encontrar actividades donde ocuparlos.

Cuando el ICE anunció intenciones de convertirse en empresa constructora transnacional, el entonces asesor de la presidencia ejecutiva Randall Retana justificó la idea con una frase reveladora: «Encontramos que nuestra área de ingeniería y construcción tiene una enorme capacidad, que podríamos exportar y aprovechar mucho más».

La idea de construir megaproyectos de generación fuera del país no ha prosperado y, dentro de nuestras fronteras, la renuncia a concluir el proyecto El Diquís lo dice todo. La venta de maquinaria y equipos responde a esa misma realidad. ¿Qué pasó, entonces, con la «enorme capacidad» de las áreas de ingeniería y construcción?

El ICE ha anunciado modestos programas de reducción de personal, pero no se ha visto el movimiento esperado del desmantelamiento de una empresa con capacidad de convertirse en gran transnacional del sector energético. En todo caso, la solución no es encontrarle a la capacidad excesiva, sea de recursos humanos o materiales, alguna cosa que hacer y mantenerla ociosa mientras tanto.

agonzalez@nacion.com

Armando González R.

Armando González R.

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad de Costa Rica y Máster en Periodismo por la Universidad de Columbia, en Nueva York.