Columnistas

Marchar contra la historia

La Iglesia y sus aliados retornan a viejas prácticas, basadas en explotar odios y miedos, y dirigidas a imponer la razón de la fuerza, en un intento más por mantener sus posiciones de poder en el sistema educativo y por enfrentar el imparable avance de la secularización social

El domingo 3 de diciembre del 2017, miles de personas, convocadas por la Iglesia católica y vestidas con prendas blancas, marcharon en San José por la “vida y la familia”. Detrás de esta consigna, había una clara intención de manifestar la oposición eclesiástica a la igualdad de derechos para las parejas no heterosexuales, al aborto y especialmente a los programas de educación sexual del Ministerio de Educación Pública (MEP).

También la marcha fue una protesta contra la “ideología de género”: un concepto marxista que, en los últimos años, ha sido reciclado por las iglesias cristianas para convertirlo en un instrumento ideológico, con el cual combatir los nuevos derechos reivindicados por las mujeres –en particular por las corrientes feministas– y por las comunidades sexualmente diversas.

Aunque algunos sectores han interpretado la marcha como una iniciativa en contra de los nuevos derechos humanos, en el fondo lo que está en juego es una secular lucha de poder, relacionada con la influencia de la Iglesia católica en el sistema educativo.

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