Jorge Guardia. 10 septiembre

¿Cuáles son los “true colors” del PAC? El rojo y amarillo que ondean en su bandera, dos de los colores primarios. ¿Qué significado tienen? ¡Ah, ahí está el detalle! Según teorías pseudocientíficas, análisis psicológicos light, novelas maravillosas como la de Kristin Hannah y la melodía de Justin Timberlake y Anna Kendrick (I see your true colors shining throuh), los colores primarios revelan la verdadera personalidad de quienes los usan o les van. Son la fibra original de cada cual, para bien o para mal.

El rojo simboliza la pasión, fuego, sangre y guerra. El amarillo es alegría, pero también envidia, egoísmo, debilidad y traición. Yellow, en inglés, tiene otras connotaciones: timorato, medroso. ¿Se les podrían atribuir al PAC? Voy a pintar sus true colors en los vaivenes del plan fiscal.

¿Será el fin de la huelga o el ocaso del PAC? ¿Vacaciones pagadas, como reprochó Rubén Hernández?

El PAC fue concebido, parido y nutrido por Ottón Solís bajo la égida de responsabilidad fiscal. Fue instrumental en la reforma de Laura Chinchilla que naufragó en la Sala IV; también, en las frustradas mociones para achicar el presupuesto del 2015. Ese fue, digamos, el PAC I, exangüe por el autoexilio del fundador. El PAC II surgió con Luis G. Solís, más amarillo que rojo en lo fiscal. En campaña ignoró el desequilibrio; en el 2015, disparó el gasto (19 %) ayudado por el entonces presidente del Congreso mediante un procedimiento truculento; fue medroso ante los sindicatos y en ese período Hacienda hizo malabares para financiar, sin resolver, el déficit. Pasará a la historia como el ingeniero del gran agujero.

El PAC III vino con Carlos (Charlie) Alvarado, armado de una nueva actitud fiscal, escudado por Piza y sus muchachas. Primero anunció un presupuesto austero (rojo vivo y no amarillo pálido), pero, luego, mutó: el presupuesto del 2019 es de contención, no de reducción, y crece 17 % por la deuda; el alto déficit clama por bisturí y tijeras, ausentes del quirófano; cedió ante cooperativas, solidarismo y el FEES; expulsó a Uber para calmar a los taxistas; y, cuando las huestes de Albino descendieron en tropel, se tornó mellow yellow ante los sindicatos, como su predecesor. La jugada del diputado Welmer Ramos para mantener el enganche salarial de los médicos pintó sus true colors.

¿Será el fin de la huelga o el ocaso del PAC? ¿Vacaciones pagadas, como reprochó Rubén Hernández? Si sucumbe, enviará una mala señal a la reactivación. Ojalá saque fuerzas de su flaqueza para blandir, con tesón, el rojo sangre del PAC original.