Hace un año, hubo una amplia discusión sobre las perspectivas de la economía americana en el 2017. Unos economistas y la prensa global vaticinaban la debacle; otros, un repunte económico. Yo fui —y soy— optimista y cauto a la vez. La apuesta era cómo reaccionarían las bolsas e indicadores ante el nuevo gobierno.
El debate lo perdió ampliamente la prensa por su pertinaz posición, error que nunca reconoció. El PIB terminó creciendo más de lo previsto y subirá un 2,7 % en el 2018, impulsado por la baja en la tasa corporativa y deducción del 100 % de los gastos de capital. Otras variables mejoraron: inversión, consumo, salario promedio (2,3 %) y la inflación subyacente (core inflation) llegó al 1,75 %, menor a la meta de la Fed.
El ascenso más vital se registró en las bolsas. El Dow Jones pasó de 19.000 puntos en enero del 2017 a 25.000 en diciembre (cifras rondas); algo similar se vio en otros índices por mayores utilidades, expectativas de la reforma fiscal y expansión de la economía mundial. Empero, al subir las acciones, la relación precio/utilidades bajó y surgieron voces de que era insostenible y pronto estallaría una recesión. El FMI previno, en enero pasado (WEO), una posible corrección en los mercados, pues las acciones estaban muy caras.
En efecto, la corrección se dio. Al despuntar febrero, las acciones cayeron un 10 % en 10 días y, claro, causó conmoción. ¿Era el principio del fin o una corrección bienvenida? Nosotros lo discutimos en Ecoanálisis: Édgar Robles y yo (entre otros) coincidimos en que no habían cambiado los fundamentales, la economía seguía vigorosa y era una corrección saludable para aterrizar el valor accionario. Pronto, los índices comenzaron a reputar (algunos aprovecharon para comprar barato; ¡dichosos!). El viernes pasado, el Dow Jones remontó a 25.000 puntos, pero no descartamos más volatilidad.
LEA MÁS: Costa Rica es un país caro
La cautela viene por dos vías: una es si nuevas alzas de la Fed harán más atractivo invertir en títulos de renta fija (bonos) comparado con renta variable y descarrilar el mercado accionario; otra, que la baja de impuestos exige cortar gastos para controlar el déficit, pero, más bien, republicanos y demócratas aunaron sus espíritus dispendiosos para subirlos. Eso podría inducir a la Fed a apretar más las tasas y afectar la recuperación mundial. Espero que no. Jerome Powell, líder de la Fed, confía en que la reciente volatilidad no afectará la economía. Ojalá tenga razón. Pero debemos estar en guardia.
jorge.guardiaquiros@yahoo.com