Ya tenemos la primera cuantificación de los daños económicos directos generados por la huelga sindical, pero hay otros indirectos, difíciles de cuantificar, que también inciden en el comportamiento de algunas variables esenciales (aunque, para algunos jueces laborales, casi nada es esencial en Costa Rica).
Esos efectos directos e indirectos, imprevistos al iniciar el año cuando se formularon las primeras proyecciones, me preocupan mucho. Estaba persuadido de que el PIB crecería un 3 % en el 2018, a pesar de otros vaticinios pesimistas. Mi visión se sustentaba en informes estadísticos y análisis del FMI y el BCCR (ambos preveían un 3,2 %), la tendencia ascendente del índice mensual de actividad económica (IMAE), la simple observación del auge constructivo (cemento del bueno; el malo era el “cementazo”) y también la estabilidad de precios, tasas de interés y tipo de cambio que daban mucha tranquilidad. Después, todo cambió.
El IMAE del BCCR evolucionó bien hasta agosto, con tasas interanuales superiores al 3 %. Después se desaceleró por la huelga. En setiembre, la variación interanual fue un 2,5 %, pero la jácara no concluye ahí. La huelga se prolongó varios meses y sus efectos se sintieron en octubre y más allá. Según el BCCR, afectó varios sectores: el crédito a la empresa privada “ante incrementos en la incertidumbre al no encontrarse solución al problema estructural de las finanzas públicas”, los servicios de enseñanza y salud se contrajeron un 4,3 % (vacaciones pagadas), servicios de administración pública cayeron un 1,1 % “producto del impacto de la huelga”, la manufactura, que en agosto creció un 3,7 %, subió solo un 1,8 % “por los problemas en las cadenas de distribución debido a la huelga” y el comercio también se desaceleró “por el impacto de las protestas contra la reforma fiscal”.
El efecto indirecto —agrego yo— se percibe en otras variables como tasas de interés y tipo de cambio. ¿Por qué? Porque la causa principal de su explosión gira sobre el problema fiscal y la procrastinación de su solución. Los sindicatos infiltran al mercado financiero niveles inusuales de riesgo e inducen a los agentes económicos a protegerse, exigir mayores tasas de deuda pública y refugiarse en el dólar para proteger sus haberes.
Irónicamente, no todo fue negativo. El Banco señala que “otras actividades de servicios de entretenimiento a grupos especiales, incluidos grupos sindicales, se incrementó un 5,5 %”. ¡Tiempo tuvieron los huelguistas para divertirse!