Columnistas

El ‘FARO’ que no alumbra

La investigación debe llevar luz hasta el último resquicio de responsabilidades con las sanciones correspondientes

La palabra faro es inspiradora, nos hace pensar en luz y guía. Dada la ceguera en que hemos estado durante los últimos 20 meses sobre la pérdida de aprendizaje (y las condiciones de bienestar integral) de los niños, las niñas y los jóvenes, tuve la vana esperanza de que las pruebas FARO hicieran un diagnóstico apropiado, arrojaran luz sobre la tiniebla.

Paradójicamente, las pruebas realizadas este año a estudiantes de quinto grado no solo no cubren la totalidad de contenidos del plan de estudios, sino que parecen un experimento oscuro de sombrías intenciones.

La luz la encendió una tropa de docentes valientes que denunciaron en las redes el atropello, e incontables madres y padres de familia que, por fin, ¡por fin!, se enojaron. Llevo varios años esperando que las familias se organicen y demanden el cumplimiento del sagrado derecho a la educación de sus hijos e hijas. No lo hicieron durante las huelgas del 2018, cuando se perdieron tres meses de clases; tampoco cuando la decisión del cierre de aulas en el 2020 se prolongó más de lo necesario —Costa Rica ostenta el deshonroso récord latinoamericano y de países de la OCDE de haber tenido las aulas cerradas durante más tiempo en la pandemia, a contrapelo de las recomendaciones internacionales—; ni cuando este año se decidió que el curso lectivo se daría en modo híbrido.

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