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Debemos medir experiencias

Cada día es más necesario saber por qué la gente compra un producto o adquiere un servicio y por qué no

(Shutterstock)

Hará unos 50 años empezó a estudiarse la forma como la gente interactúa con los sistemas de cómputo. La disciplina se llamaba interfaz hombre-máquina (MMI, por sus siglas en inglés). Obviamente, hubo que cambiarle el nombre, y la denominaron interacción humano-computadora (HCI). A principios del siglo, se convirtió en experiencia del usuario y hoy se ofrecen títulos de posgrado en la materia, no solamente para usuarios de sistemas digitales, sino también para usuarios de sistemas físicos.

Muchas empresas cuentan con equipos dedicados a diseñar, poner en funcionamiento mecanismos y monitorear constantemente la experiencia del cliente. En algunos casos, la experiencia es el mismo servicio que se vende; sin embargo, la experiencia se vive al adquirir los productos y servicios, y se revive al consumirlos. En un ambiente competitivo, la calidad de la experiencia suele determinar si el cliente regresa o no.

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