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Cuando despertó, Monterroso todavía estaba allí

Para Monterroso el breve, la escritura era también lo que no se escribía, lo que quedaba en el silencio

OP_SERGIORAMIREZ
OP_SERGIORAMIREZ

El mes de diciembre que entra se cumple el centenario del nacimiento de Augusto Monterroso, escritor que seguirá despertando y siempre estará allí, como el famoso dinosaurio de su cuento de pocas líneas, obra maestra de la brevedad, del ingenio y de la ligereza que tan caro era a Italo Calvino.

Un cuento de una sola línea, una sola coma y un solo punto que es, además, el único cuento que puede aprenderse entero de memoria, como muchos lo hemos aprendido, y que hoy cabría en la estricta medida de un tuit, con lo que Monterroso, mal que le pese, pasa a ser un adelantado de la posmodernidad.

Al primero a quien la solemnidad de este aniversario habría divertido es a él mismo, desconfiado siempre de la pompa del bronce y los laureles, y quien vivió para el humor, que era parte esencial de su propia naturaleza. Un humor sosegado, para nada estridente. Como era corto de estatura, inventó el aforismo de que los bajitos tenían un sexto sentido para reconocerse entre ellos. Y se declaraba también embajador plenipotenciario de los Países Bajos.

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